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Transición energética: los sindicatos en la encrucijada

29/05/2015
Los sindicatos tendrán que optar: si se mantienen dentro de la lógica y la temporalidad de la transición capitalista (contentándose con la vaga exigencia de una “transición justa”), serán cómplices de las consecuencias ecológicas y sociales cuya factura pagarán sus afiliados. La única estrategia posible pasa por una transición anticapitalista: un plan de reconversión de los sectores sucios y de desarrollo de los sectores limpios, financiada mediante la socialización de las finanzas y de la energía, con una ampliación radical del sector público, creación masiva de puestos de trabajo útiles, reducción radical del tiempo de trabajo sin pérdida de salario y desmantelamiento de la agricultura industrial.

Daniel TanuroDaniel Tanuro (No a la transición energética capitalista, Viento Sur)

Cuando faltan siete meses para la cumbre de París sobre el clima, ¿hasta qué punto se es consciente del desafío y de la necesidad de una transición para evitar una catástrofe? [...]

Mecanismos antiigualitarios

Los grandes de este mundo preparan un acuerdo totalmente insuficiente para detener la catástrofe climática que se avecina. Un acuerdo del que los explotados y oprimidos sufrirán graves consecuencias. De hecho, la política climática capitalista ya está agravando las desigualdades sociales. So pretexto de conservar la capacidad de los bosques de absorber el CO2 de la atmósfera, las comunidades indígenas se ven atacadas y sus bosques convertidos en plantaciones industriales. So pretexto de producir suficientes alimentos en el contexto del calentamiento global, se incautan los recursos acuáticos, se saquean las reservas haliéuticas, se expanden los OGM, se expulsa a los campesinos de sus tierras y se condena a los pequeños pescadores a la ruina. [...]

El mundo del trabajo se halla en una situación más difícil porque la mayoría de los asalariados trabajan en el complejo industrial basado en la energía fósil, qua habrá que desmantelar

Los sindicatos en la encrucijada

Los mecanismos antiigualitarios de la política climática capitalista ya están haciendo estragos en el Sur. En Europa, lo peor todavía está por venir. A este respecto, conviene saber que cuatro quintos de las reservas fósiles deben permanecer en el subsuelo si queremos salvar el clima. El problema es que dichas reservas pertenecen a empresas, y por tanto existe una “burbuja del carbono”, análoga a la “burbuja del ladrillo” que estalló con las “hipotecas basura” en 2008, pero mucho más grande. Cuando estalle, que nadie dude de que los gobiernos se apresurarán a salvar al sector de la energía como han salvado al de las finanzas: a costa de la colectividad.

La lucha por el clima es una cuestión social de suma importancia. De momento, a escala internacional, las fuerzas que encabezan esta lucha son el movimiento campesino y los pueblos indígenas. Esto se debe a una razón evidente: la agricultura campesina y el modo de vida de las comunidades indígenas contribuyen a salvar el clima. El mundo del trabajo se halla en una situación más difícil porque la mayoría de los asalariados trabajan en el complejo industrial basado en la energía fósil, qua habrá que desmantelar.

Por consiguiente, los sindicatos tendrán que optar: si se mantienen dentro de la lógica y la temporalidad de la transición capitalista (contentándose con la vaga exigencia de una “transición justa”), serán cómplices de las consecuencias ecológicas y sociales cuya factura pagarán sus afiliados. La única estrategia posible pasa por una transición anticapitalista: un plan de reconversión de los sectores sucios y de desarrollo de los sectores limpios, financiada mediante la socialización de las finanzas y de la energía, con una ampliación radical del sector público, creación masiva de puestos de trabajo útiles, reducción radical del tiempo de trabajo sin pérdida de salario y desmantelamiento de la agricultura industrial.