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Regeneración democrática. Aquí, ¿quién decide?

29/10/2014
La regeneración democrática de las instituciones y la política navarra es cada vez más inaplazable. Tres hecho recientes: los recursos del Estado a las leyes forales, el IVA de Volkswagen y la creación de un órgano y un acuerdo para destinar más dinero a UGT, CCOO y la CEN son sólo una muestra de la necesidad de una refundación de la política navarra.

Mitxel Lakuntza, Coordinador de ELA en Nafarroa, Landeia 200.

La regeneración democrática de las instituciones y la política navarra es cada vez más inaplazable. Tres hecho recientes: los recursos del Estado a las leyes forales, el IVA de Volkswagen y la creación de un órgano y un acuerdo para destinar más dinero a UGT, CCOO y la CEN son sólo una muestra de la necesidad de una refundación de la política navarra.

Estas tres cuestiones, aunque de distinta naturaleza, mantienen elementos comunes: falta de transparencia, acuerdos entre élites, mala gestión de recursos públicos... Pero, sobre todo, evidencian el papel de espectador y pagano que se reserva a la mayoría de la ciudadanía.

La política en Navarra se sigue haciendo desde la trastienda de las élites locales y la subordinación al Estado. Se juega a que la gente corriente pinte cada vez menos. Sin embargo, la demanda social por una mayor democratización, por exigir, en definitiva, el derecho a opinar y a ser consultado, es creciente.

Atendiendo a estos hechos recientes, la ciudadanía navarra tendría mucho que decir sobre qué opinión le merece que el Estado pretenda impedir mediante recursos la anulación de leyes forales contra los desahucios, sobre sanidad universal, garantías salariales y laborales de trabajadores/as públicos, reforma del mapa local, fiscalidad... etc...

A estas alturas afirmar que nuestro autogobierno y un amejoramiento cada vez más devaluado se fundamentan en el pacto con el Estado está totalmente fuera de la realidad. ¿De qué bilateralidad Navarra-Estado se habla? Es cada vez más una ficción, una realidad inconsistente. A pesar de ello, y acuciados cada vez con más problemas, los partidos constitucionalistas (UPN, PP y PSN) se agarran al valor del pacto para defender el encaje y la singularidad de Navarra. Pero el Estado no deja pasar una.

Otro ejemplo de la calidad democrática con la que se hacen algunas cosas es el litigio del IVA de Volkswagen. Han vuelto a quedar en evidencia la falta de garantías del autogobierno y, por otro lado, la falta de transparencia con las que la élite política actúa. El litigio del IVA es consecuencia de un acuerdo opaco entre las élites políticas, económicas y empresariales de Navarra y de Madrid. El recurso continúa siendo la amenaza de hacernos pagar a todos los navarros/as las consecuencias de esa falta de transparencia.

Y precisamente transparencia, como de costumbre, es la que ha faltado en el acuerdo para la gestión de 545 millones entre Barcina, UGT, CCOO y la CEN, así como la propuesta del PSN para la creación de un Consejo de Diálogo Social en Navarra. Lo que no falta es urgencia; por ello, se quiere incluso impedir el debate parlamentario para que entre todos los navarros y navarras rescatemos a estas tres organizaciones a las que se les garantiza, incluso, la revisión al alza del IPC, mientras otras partidas como educación, sanidad o dependencia se recortan. Despropósitos de este tipo evidencian que es urgente, también, una revisión completa del actual modelo de diálogo social y relaciones laborales en Navarra para, entre otras cosas, democratizarlo. No es creíble hablar de cambio social y político en Navarra sin desmontar lo que se ha convertido en una autentica red clientelar.

¿Por dónde ha de comenzar el cambio político y social? No son pocos los desafíos de lo que llamamos cambio político y social en Navarra. Por eso, no sólo la regeneración democrática de la política y sus instituciones sino también la posición decidida para avanzar hacia un cambio de modelo social (incluida la normalización del euskera) son condiciones indispensables para que el cambio pueda calificarse como tal. Son necesarias:

a) La regeneración democrática de las instituciones y de todo su entramado jurídico y político es, sin duda, el punto de partida imprescindible de cualquier hoja de ruta para el cambio. Se trata de superar un amejoramiento que no ha sido refrendado. Consultar a la ciudadanía sobre aquellas cuestiones sociales, medioambientales, políticas o territoriales (incluida la posibilidad de articulación de Navarra con el resto de territorios vascos) que por su trascendencia sean de interés general.

b) Otro de los retos es avanzar hacia otro modelo de sociedad. Revertir los recortes e impulsar una política social que disminuya la creciente desigualdad y el desempleo. No será posible sin una reforma fiscal, sin una apuesta decidida por combatir el fraude e igualar la presión impositiva a la media Europea.

c) Por último, terminar con la política de atosigamiento al euskera y la cultura vasca, generar un marco de respeto y garantías que no haga sentirse ciudadanos/as de segunda a una parte muy importante de la ciudadanía contribuyendo, así, a una escenario de mejor convivencia.

En definitiva, y dando por descontado que no puede llamarse cambio al mero hecho de echar a Barcina y de una alternancia en el Gobierno, el verdadero desafío pasa por la refundación de las bases políticas que han regido en Navarra durante más de treinta años.

Ni más ni menos que avanzar hacia una democracia más plena que tenga como único límite la voluntad de la ciudadanía navarra.

Regeneración democrática. Aquí, ¿quién decide?