Recuperar el trabajo como campo de batalla

2016/01/08
Este texto pretende ser un primer vistazo a la situación en el mundo laboral. Obviamente, nos hemos dejado muchas cosas en el tintero (cómo no hacerlo, dado el espacio de un blog y la complejidad del tema), pero esperamos que lo veáis como una aportación valiosa al debate. En primer lugar analizamos el papel de los cambios en la estructura productiva, la cultura neoliberal y el papel de los sindicatos en la ausencia de las luchas laborales. Posteriormente, analizamos por qué los movimientos sociales se han dedicado, comparativamente, menos a las luchas laborales que a otras “causas”. Finalmente, intentamos lanzar algunas propuestas que contribuyan al debate de cómo revertir la situación actual.

Este artículo has sido publicado en el blog Equilibrismos del Periódico Diagonal

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[...] 7. Algunas propuestas.

Creemos que debido a los cambios que se han producido en el sistema productivo y en las formas de percibir la realidad de la lucha de clases por parte del proletariado es necesario articular respuestas que actualizadas para continuar y adelantarnos en la lucha.

Una defiende una recuperación de un sindicalismo de base (en tanto que lucha específica en el ámbito laboral). La otra postura apuesta por el modelo de las redes de solidaridad

Las transformaciones que hemos indicado al principio del artículo señalan dos claros frentes de lucha: el de la reorganización material de la acción colectiva en el mundo laboral y el de empujar en el terreno discursivo (por así decirlo). Obviamente, no tiene sentido considerarlos frentes estancos sino que, al contrario, sólo las victorias en cada uno de los terrenos nos permitirán avanzar en el otro.

En lo que respecta al neoliberalismo como cultura, como modo de percibir y entender el mundo, creemos que es necesario oponer la idea del apoyo mutuo, de lo común y marcar claramente las diferencias de clase existentes. No ceder al discurso del emprendedor, del individualismo, de “las PYMES crean empleo” y todo eso. ¿Cómo? No tenemos claro hasta qué punto es posible revertir esto desde la propaganda (sean jornadas y carteles minoritarios o tertulianos en La Sexta Noche), aunque este sea un mensaje que haya que seguir lanzando. Nosotros creemos que la derrota de ese discurso y la extensión de uno basado en la solidaridad de clase y el apoyo mutuo van a estar muy ligados a que se consigan más pequeñas (y grandes, claro) victorias en el ámbito de lo laboral. Es decir, tomando como ejemplo la lucha de la vivienda, creemos que serán los enfrentamientos cotidianos y una dinámica ascendente de victorias en este terreno las que crearán las condiciones para que un discurso contrario al sentido común neoliberal dominante pueda imponerse a escalas cada vez mayores.

En cuanto a la reorganización material de la acción colectiva, dentro de Equilibrismos hay dos posturas más o menos diferenciadas. Por un lado, una defiende una recuperación de un sindicalismo de base (en tanto que lucha específica en el ámbito laboral) aun asumiendo que son necesarias transformaciones en sus formas de organizarse y de luchar para adaptarse a las nuevas (y no tan nuevas) transformaciones productivas. La otra postura apuesta por el modelo de las redes de solidaridad, una organización de la solidaridad de clase más integral, en el sentido de que pretende agrupar territorialmente luchas laborales, por la vivienda, migración, pero también estructuras autoorganizadas como las despensas colectivas o, si fuesen necesarias, las clínicas autogestionadas.

Las luchas laborales deben reconocer e incorporar aquellas actividades históricamente dejadas de lado por no ser consideradas productivas, pero que son imprescindibles para la vida y para el modelo de producción, como los cuidados, que sustancialmente recae sobre el cuerpo de las mujeres

Teniendo en cuenta que ambas herramientas no tienen porqué ser opuestas, sino que podrían llegar a ser complementarias, creemos que cada una de estas apuestas tiene sus pros y sus contras. La recuperación del sindicalismo tiene dos grandes ventajas: En primer lugar la especialización en un ámbito de lucha tan reglamentado como el laboral, en el que buena parte del conflicto suele transcurrir (al menos en sus primeras etapas) en un terreno judicial, es siempre un plus. Por otro lado, el mundo laboral es el ámbito en el que más claramente se evidencia la relación de clase sobre la que gira el capitalismo y por eso, tradicionalmente, se ha considerado un eje de lucha fundamental para su abolición. En el lado negativo, desde el ámbito de un sindicalismo más tradicional parece difícil integrar tanto las situaciones de desempleo y trabajos precarizados en las PYMES, que se caracterizan por un aislamiento y la imposibilidad de organización con compañeros. Así mismo, intentar abordar el problema desde lo meramente jurídico supone una individualización de las problemáticas, que acarrea una pérdida de la fuerza del trabajador al no tener respaldo de compañeros y una excesiva confianza por parte del mismo, al sustentar su única defensa, en un sistema jurídico diseñado en buena medida para beneficiar al empleador.

En lo que respecta a las redes de solidaridad, parecen ser estructuras más flexibles y que, por tanto, pueden adaptarse mejor a una condición de clase que tenderá a estar caracterizada por la alternancia de situaciones de empleo en diferentes puestos, paro, cursos, etc. También son interesantes en la medida que se produzca una tendencia a compartir experiencias y militantes entre diferentes luchas, lo que puede ser un plus, especialmente en situaciones de una relativa baja conflictividad, con períodos de tiempo más o menos extensos entre un conflicto laboral y otro. Es difícil, no obstante, entrelazar las luchas laborales y territoriales, ya que una propiedad de los trabajos en las ciudades hoy en día es que no se desarrollan en espacios cercanos a donde uno vive.

Vemos importante recalcar que, sea como sea, las luchas laborales deben reconocer e incorporar aquellas actividades históricamente dejadas de lado por no ser consideradas productivas, pero que son imprescindibles para la vida y para el modelo de producción, como los cuidados, que sustancialmente recae sobre el cuerpo de las mujeres. No sólo eso, la tradicional masculinización del mundo laboral más clásico, al que, por procedencia e implantación, se encuentran tremendamente asociados los sindicatos, sean oficiales como minoritarios, hacen de ellos un terreno propicio para las actitudes machistas y paternalistas, como tantas veces han señalado muchas compañeras. Sea cual sea la apuesta por recuperar la conflictividad en el mundo laboral, afrontar este problema es crucial para que las compañeras ni estén ni se sientan excluidas.

Por seguir con la analogía con la lucha por la vivienda, nos parece de lo más necesario hacer énfasis en aquellos aspectos que más unan, como es el caso de las hipotecas o, ahora, los alquileres. En el terreno laboral, el número de horas trabajadas, las horas extras no pagadas o la reivindicación de un salario mínimo determinado (siguiendo el ejemplo del FightFor15 estadounidense) podrían ser puntos en común sobre el que asentar futuros conflictos.

En este sentido sería interesante la introducción luchas por la mejora de las condiciones laborales que fueran más allá de aquellos que van a ser despedidos, que no reciben su salario o que trabajan más de las horas que cobran, es decir, incluir en la lucha laboral a aquellos que “gozan” de una aparente estabilidad. Esto sería las mejoras de las condiciones de trabajo concretas: disminución de horario con mantenimiento de salario, mejora de las condiciones de seguridad y EPIS, sistemas de compatibilización con la vida, etc. Esto supone tensar desde todos los puntos las contradicciones de la lucha de clases en el mundo laboral, evitando la división entre trabajadores estables y trabajadores parados o de segunda.

Otro punto a tener en cuenta es que la vivienda ha tenido a su favor que ha podido señalar fácilmente al enemigo: los bancos, sin que hubiera lugar a dudas y sin entrar en disquisiciones de si el banquero arriesga o si también sufre. En el mundo laboral, sobre todo teniendo en cuenta la estructura de pequeña y mediana empresa y la implantación de la cultura neoliberal de la que hemos hablado, es esperable que se planteen temas que apelen al “pobrecito empresario”, a que el “también tiene familia”, que son “los que crean empleo”, bla, bla, bla… que habrá que plantearse de antemano cómo manejar y afrontar sobre el terreno, pero si se consigue un foco de atención común, pueden contrarrestarse sus efectos. [...]

En definitiva, entendemos que se trata de una posición primordialmente defensiva, de proteger nuestras condiciones de vida más inmediatas. Pensamos que se trata de saber responder a las nuevas expresiones que adoptan viejos conflictos. Mientras la relación de dependencia salarial o la subordinación permanezcan constantes, que lo hacen, nuestra lucha debe mantener la misma constancia.