"Quitar el miedo a volver a organizarse y actuar"

2016/09/19
Cazarabet conversa con Joxeangel Ulazia, autor de “No pudieron romper el cerco. Crímenes y represión franquista contra ELA” (Pamiela), un libro que viaja entre el ensayo y la recopilación testimonial entre los crímenes y la represión del franquismo contra este sindicato vasco.

Esta entrevista la ha realizado Cazarabet, La Librería de El Sueño Igualitario, y se ha publicado en su web www.cazaberet.com

Portada Libro Joxeangel Ulazia-¿Cómo recuerdas tus primeros años en el sindicato ELA? ¿Qué hace que te inicies en el sindicalismo? Debe haber un punto de inflexión que hace que te aproximes a ELA? ¿Por qué ELA para mostrar tu desasosiego?

-En 1980 comienzo mi carrera profesional como profesor en una ikastola (escuela en euskera). Mis inquietudes, vinculadas a una educación familiar en la que siempre se debía de hacer justicia al más débil, me habían llevado al terreno de la lucha de clases y el movimiento obrero, motivo por el que, con una beca, hice la licenciatura en Historia Moderna y Contemporánea en la Universidad Autónoma de Bellaterra.

En mis primeros años me decanté por un sindicato corporativo de la enseñanza hasta que en una asamblea, una persona nos recordó que antes que profesores éramos trabajadores

Fuí elegido representante, delegado, por mis compañeros, y en mis primeros años me decanté por un sindicato corporativo de la enseñanza STEE-EILAS (Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Euskadi) hasta que en una asamblea, una persona nos recordó que antes que profesores éramos trabajadores, era el responsable de enseñanza de ELA (Eusko Langileen Alkartasuna-Solidaridad de Trabajadores Vascos). Para mí fue decisivo. Al día siguiente, en 1984, me afilié en ELA. Cuando este responsable me visitó para conocer qué problema tenía y le indiqué que ninguno (yo era el director del centro) me sumó a su equipo. Negociábamos el convenio colectivo, nos reuníamos con los delegados y delegadas, intentábamos arreglar problemas menores...Era una labor pequeña, pero importante.

Cinco años más tarde, 1989, di el paso de trabajar en exclusiva para el sindicato, en el que he continuado en distintas responsabilidades hasta el día de hoy.

-Te vinculas a finales de los ochenta, ¿cómo recuerdas que estaba la calle en aquellos momentos? ¿En qué luchas te ves sumergido? Me imagino que la vida, la convivencia y el ambiente en Euskadi debe ser cortante, casi hasta cansino… ¿Qué nos puedes reflexionar?

Es curioso que ELA provoca interés más allá del Estado español. Estudiosos franceses, quebecois, italianos y hasta chinos han hecho trabajos sobre ELA

-Mi primer recuerdo es que la situación del profesorado y la de la clase trabajadora en general nada tenían que ver. El nuestro, el de los profesores, era otro mundo. Obviamente, la situación política afectaba a todo el mundo (desafortunadamente, ETA tenía una gran presencia en lo cotidiano) pero también se convertía en la gran coartada para obviar la situación socio-económica. Entre 1990 y 1994 se vivió una gran crisis: cierres de empresas, despidos, inmigrantes que vuelven a sus lugares de origen...Os contaré una anécdota: A finales de 1990, dejando mis responsabilidades en la Enseñanza me hacen responsable de una comarca de Gipuzkoa, el Bajo Deba cuya capital es Eibar, hoy conocida por su proyección deportiva pero que en un tiempo albergaba muchas industrias del sector de la máquina-herramienta, bicicleta, armas, máquinas de coser… Nada más ocupar el cargo tuve que gestionar el cierre de una empresa de 17 trabajadores. El compañero que había ocupado mi responsabilidad me dijo: “Tranquilo. Esto pasa una vez cada diez años” Para mí fue el bautismo de fuego. En el año 1994 el índice de paro de esta comarca para los jóvenes era del 50%.

No entendían que la gente que iba a misa con ellos, había comulgado con ellos, les llevase al paredón

Se puede pensar que ETA condicionaba cualquier tipo de actividad, pero, en mi opinión, salvo los consiguientes traumas que provocaban las acciones violentas, la vorágine del día a día consumía la mayor parte de nuestra actividad.

-¿Por qué, amigo Joxeangel, te animas a escribir la historia de este sindicato de Euskalherria?

-En primer lugar, este libro no es, ni pretende serlo, la historia de ELA. Afortunadamente, en los últimos años, distintos estudiosos y protagonistas han dado luz sobre la historia del mismo (Joxemi Unanue, Martin Aurrekoetxea, Dario Ansel, German Kortabarria, Joxe Elorrieta, Ivan Gimenez, Francisco Letamendia…)

Lo cierto es que estaba recopilando documentación para hacer algún tipo de trabajo en los años de mi jubilación, pero en 2013 el sindicato se sumó a la Plataforma Vasca contra los crímenes del franquismo y, a petición de miembros de la misma, se aceleró la realización del libro.

-¿Qué te ha sorprendido más de su historia?

Me ha sorprendido la solidaridad entre sus miembros; aún en las más duras condiciones, el sindicato era para ellos refugio y protección

-Sorpresas, muchas. ELA fue, a partir de 1935, la organización sindical más importante de Euskal Herria. Su implantación en todos los territorios era muy importante (más de 50.000 afiliados, locales, cooperativas…).

En otro sentido, la importancia que tenía la religión en la vida de sus componentes. No entendían que la gente que iba a misa con ellos, había comulgado con ellos, les llevase al paredón. No entendían que los sublevados se ensañasen más con ellos que con los “rojos” cuando en muchas ocasiones se habían jugado la vida para salvarlos

Respecto a la vinculación con el PNV: no se pueden negar los lazos ideológicos, pero su disconformidad con la línea del partido se manifiesta en múltiples ocasiones haciendo alarde de su independencia a la hora de tomar decisiones. Ni todos los trabajadores del PNV eran de ELA, ni todos los afiliados a ELA eran del PNV.

La solidaridad entre sus miembros. Aún en las más duras condiciones, el sindicato era para ellos refugio y protección. Por ello sus dirigentes se cuidaron muy mucho de mantener este espíritu solidario incluso en el exilio creando organizaciones allá donde hubiese miembros del sindicato.

-¿Cómo fue el proceso de documentación, la metodología de trabajo…?

-Ya he mencionado antes mi formación académica. A partir de ahí, nunca he dejado de lado la oportunidad de buscar bibliografía, documentación, etc. He ido recopilando datos durante muchos años, pero lo más relevante se produce en 2011 cuando celebramos el centenario del sindicato y nos proponemos realizar una exposición itinerante, para lo que necesitamos buscar y encontrar material suficiente. Indagamos en archivos municipales, provinciales, hacemos un llamamiento a la afiliación...Además, para entonces estamos inmersos en un proceso de actualización del archivo histórico que había estado diseminado y sin catalogar. Es precisamente esta actualización del archivo la que ha servido, de manera fundamental, para la búsqueda de datos que hasta ahora eran desconocidos. La apuesta de los responsables del sindicato Xabi Anza, Fernando Iraeta, Dani Gómez, en este sentido, ha sido decisiva.

-Sufrió la represión franquista como otros colectivos, pero háblanos un poco de cómo se le fue cercando a esta formación sindical… ¿Hubo diferencias con respecto a otros colectivos?¿Hasta qué punto la guerra, la dictadura y el fascismo agazaparon a ELA?

-Distinguiría dos épocas. La primera es la época de la resistencia, lo que nosotros llamamos la segunda generación. Es después de la de los fundadores, la de los perdedores de la guerra, los que han sufrido la represión (fusilamientos, cárcel, exilio…) y que en los años cuarenta y cincuenta protagoniza la resistencia a la dictadura con mucho mérito, pero pocos resultados. Hay muchos intentos de reorganizar ELA desde el exilio pero las condenas judiciales hablan de su fracaso.

Es a partir de los años sesenta cuando una nueva generación, que no ha conocido la guerra, la tercera generación, empieza una refundación del sindicato, buscando ligarse a la ELA histórica, pero bebiendo los nuevos aires que emergen en el mundo: marxismo, lucha de clases, liberación nacional...son las nuevas ideas que se añaden a la justicia social, la solidaridad que proponían los fundadores.

Los rigores de la clandestinidad se puede decir que fueron similares a los de cualquier otra organización que se oponía al régimen franquista. Resulta curioso que muchas de las personas pertenecientes a ELA y detenidas por la policía, lo fueron en la creencia de que pertenecían a ETA.

Las estrictas normas de la clandestinidad convertían automáticamente en sospechosos a los miembros de ELA, que en los interrogatorios no salían de su asombro ante las preguntas de la policía que pretendía vincularlos a ETA, de la que obviamente no sabían nada, y sin embargo, no mostraban ningún interés por su actividad sindical.

-¿Impusieron tanto el escarmiento que se apoderó entre la población, entre la sociedad ese miedo que es la mejor de las armas?

-Uno de los testimonios que he podido recoger resume de manera muy concreta esta pregunta. En los tiempos de la Resistencia, a los que me he referido antes, un ex-dirigente se manifestaba de esta manera: “lo primero que teníamos que hacer era quitar el miedo a volver a organizarse y actuar”

-De todas formas, ya en democracia, ELA fue todo un revulsivo para las reivindicaciones y conquista de derechos laborales…¿Cómo es en la actualidad el pulso, como están las constantes de ELA?

-ELA hizo bien los deberes. En primer lugar desarrollo un modelo sindical independiente de cualquier partido político, cosa que ahora puede parecer normal, pero en los años setenta no lo era (CCOO-PCE, UGT-PSOE…) y además labró su autonomía financiera para poder hacer realidad la primera premisa. Para conseguirlo la cuota de ELA era cuatro veces superior a la del resto de los sindicatos. Hoy en día son nuestras señas de identidad: autonomía política y autonomía financiera, que posibilitan un discurso y un quehacer diario sin trabas, ni chantajes.

En segundo lugar, la necesidad de legitimación democrática de la patronal, que había convivido cómodamente con la dictadura, propició un desarrollo espectacular de las relaciones laborales.

Por último, la búsqueda de la hegemonía a nivel del estado entre CCOO y UGT, hizo que no se nos tuviera en cuenta y pudiésemos desarrollar nuestro modelo sin una oposición cerril. Algo similar ocurrió con las posibles interferencias políticas. Había otras prioridades.

Hoy en día somos el primer sindicato con diferencia en la CAPV y en Euskal Herria. Tenemos una afiliación de casi 100.000 personas y la sensación de que la gente que no se conforma con su situación y se enfrenta a las injusticias sabe que puede confiar en nosotros. Cualquier trabajador y trabajadora de este país sabe que si hay que pelear por algo, ELA es el sindicato de referencia

-Por cierto, ¿por qué crees que la historia de ELA es bastante desconocida?

-Hay un primer motivo. Parece que para la intelectualidad universitaria el sindicalismo, al menos el sindicalismo vasco, carece de interés. El sindicalismo siempre es segundo plato. Los partidos políticos, incluso los movimientos sociales, en general, tienen más “gancho”.

Por otro lado, ELA ha estado mucho tiempo “haciendo sindicato”, dando preferencia a tareas organizativas antes que promocionarse, darse trascendencia pública.

Sin embargo, es curioso que ELA provoca interés más allá del estado español. Estudiosos franceses, quebecois, italianos y hasta chinos han hecho trabajos sobre ELA.

-De los malos momentos, siempre se aprende y lo que se aprende se puede utilizar después y seguro se emplea, ¿qué nos puedes decir, que nos puedes explicar de esas enseñanzas que debieron ponerse en el tablero tanto en tiempos de dictadura como en la transición como en democracia?

-Me vienen dos cosas a la cabeza. Las personas son muy importantes. Un sindicalista, o es honesto (consigo mismo, con sus compañeros, con su organización…) o no es sindicalista. Aunque sea duro, ser fiel a tus principios y a tus ideas es lo que te va a marcar el camino a seguir y lo que vas a dejar a los que vienen detrás. Si fuera fácil todo el mundo sería sindicalista.