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Prohibido hacer política

07/04/2016
Son muchas las cosas que han pasado estas últimas semanas, todos ellos muy importantes. Y de todos esos temas podríamos hablar. Por ejemplo un Plan B para Europa, el desplome de las bolsas europeas, la salida de Arnaldo Otegi, Aberri eguna, los refugiados, la ILP, el 3 de marzo... pero hablaré de Tabakalera.

Gorka Quevedo


Gorka Quevedo "kabiar", ELA prensa (Este artículo se ha publicado en el ejemplar 211 de Landeia)

Son muchas las cosas que han pasado estas últimas semanas, todos ellos muy importantes. Y de todos esos temas podríamos hablar. Por ejemplo, del más que seguro rechazo en el Parlamento Vasco a la Iniciativa Legislativa Popular de ELA en torno a la subcontratación en la administración pública y de las graves consecuencias de esta decisión. O del cuento chino que nos quieren vender en relación a la situación del sector del acero. O de la situación laboral de muchas empresas en conflicto.

"Una decisión de la dirección de Tabakalera que ilustra, perfectamente, el dominio hegemónico de los intereses patronales"

O de la iniciativa Un Plan B para Europa. O del proceso para elegir al nuevo presidente del Gobierno español. O del desplome de las bolsas europeas y de las noticias que alertan de una nueva crisis financiera global. O de la salida de Arnaldo Otegi, tras haber pasado injustamente en la cárcel los últimos seis años y medio de su vida. O del Aberri Eguna que tenemos a las puertas. O del proceso de primarias en el Partido Demócrata y en el Partido Republicano en los Estados Unidos de América. O del acuerdo entre la Unión Europea y el Reino Unido para intentar convencer a la ciudadanía de ese estado a que vote NO en el referéndum del 23 de junio en torno a la continuidad en la UE. O de la situación de miles de refugiados y refugiadas que intentan huir de conflictos como el de Siria –con una evidente implicación de los intereses geopolíticos también de la Unión Europea– y se encuentran con unas fronteras blindadas. O de la reforma laboral presentada por el Partido Socialista en Francia que adelanta por la derecha a los partidos de derechas. O de cómo ser titiritero y acabar en la cárcel por hacer una sátira política. O de cómo siguen vivos los motivos por los que el 3 de marzo de hace 40 años murieron cinco trabajadores en Gasteiz a manos de la policía española.

"Es una sociedad anónima de carácter público participada por las siguientes instituciones públicas: Gobierno Vasco, Diputación Foral de Gipuzkoa y Ayuntamiento de Donostia"

Podría hablar de todo esto... pero hablaré de Tabakalera. O, mejor dicho, de una decisión de la dirección de Tabakalera que ilustra, perfectamente, el dominio hegemónico de los intereses patronales. Tabakalera es un Centro Internacional de Cultura Contemporánea situado en Donostia e inaugurado en septiembre del 2015. Adquiere ese nombre porque el edificio fue la fábrica de tabacos de Donostia durante 90 años (1913-2003). Según recoge su propia página web, Tabakalera –Centro Internacional de Cultura Contemporánea SA– es una sociedad anónima de carácter público participada por las siguientes instituciones públicas: Gobierno Vasco, Diputación Foral de Gipuzkoa y Ayuntamiento de Donostia. Es decir, es un centro cultural financiado por los bolsillos de la ciudadanía.
El 15 de enero la patronal guipuzcoana Adegi celebró un evento en una de sus salas, con motivo del segundo aniversario del proyecto Nueva Cultura de Empresa. ¡Y bien que lo celebraron! ¡ por todo lo alto! Cuentan las crónicas que la celebración tuvo un 'marcado aire cultural'. En este sentido, además de diferentes coloquios e intervenciones de los máximos responsables patronales, no faltaron danzas y música. El acto contó con un amplio respaldo institucional, incluidos, –¡cómo no!– la consejera de Industria, Arantza Tapia, o el consejero de empleo, Angel Toña.

"El 15 de enero la patronal guipuzcoana Adegi celebró un evento en una de sus salas, con motivo del segundo aniversario del proyecto Nueva Cultura de Empresa"

El 8 de marzo, ELA quiso celebrar el Día Internacional de las Mujeres en Donostia. Estando en plena campaña contra la precariedad, el objetivo era dar voz y poner rostro a las mujeres que trabajan en Euskal Herria en la más absoluta precariedad laboral. Para ello, se solicitó a Tabakalera una sala, pero la respuesta fue negativa. El argumento: en Tabakalera no se puede hacer ni política ni actos políticos.
Es decir: los responsables de la precariedad de miles de mujeres pueden montar los saraos que les vengan en gana en un edificio que ha sido financiado por los bolsillos de las y los guipuzcoanos. Claro, ¡eso no es política! Sin embargo, las mujeres que sufren la precariedad laboral –por cierto, mujeres que han financiado con sus impuestos el centro cultural Tabakalera– no pueden hablar de su situación en ese espacio porque están haciendo política.
La segunda –y última– acepción de la RAE sobre la palabra “hegemonía” dice que es una 'supremacía de cualquier tipo' –la primera dice que es la 'supremacía que un Estado ejerce sobre otros'–. En un contexto como el actual, con un evidente predominio ideológico neoliberal y capitalista, la mayor victoria del actual status-quo ha sido haber logrado la hegemonía ideológica. Ha llegado un punto en que ya ni lo disimulan. Presentan como algo natural lo que no es sino una decisión política e ideológica.

"El 8 de marzo, ELA quiso celebrar el Día Internacional de las Mujeres pero la respuesta fue negativa. El argumento: en Tabakalera no se puede hacer ni política ni actos políticos"

No hay más que entrar en la propia página web de Tabakalera –http://www.tabakalera.eu– para ver un ejemplo muy significativo. En el apartado dedicado al alquiler de espacios se recoge textualmente lo siguiente: “Tabakalera ofrece la posibilidad a entidades privadas y públicas de alquilar espacios para desarrollar sus actividades y eventos. Ubicado en el centro de San Sebastián, ofrece espacios, exteriores e interiores, adaptables a gran diversidad de usos privados: conferencias y presentaciones, reuniones empresariales, cócteles, cenas de gala, conciertos, rodajes publicitarios, entregas de premios, etc.”. (La negrita es nuestra).
Ni lo disimulan. Donde pone 'reuniones empresariales' podrían poner 'asambleas de trabajadores y trabajadoras', por ejemplo. Pero no. Lo normal, lo natural, es que un espacio pagado con el dinero de la ciudadanía se destine a reuniones empresariales que, al fin y al cabo, lo único que hacen es buscar el bien común –ellos son los que generan 'valor, riqueza social y empleo' según dijo el presidente de Adegi Peio Gibelalde en Tabakalera–. (No como esas asambleas de currelas que sólo miran por sus intereses).
El acto de Adegi se celebró el 15 de enero del 2016. Una semana antes, el 7 de enero, Donostia-San Sebastián 2016 –organismo encargado de la Capitalidad Europea de la Cultura– y Adegi firmaron un convenio de colaboración para el año de Capitalidad.

"Los responsables de la precariedad de miles de mujeres pueden montar los saraos que les vengan en gana en un edificio que ha sido financiado por los bolsillos de las y los guipuzcoanos. Sin embargo, las mujeres que sufren la precariedad laboral no pueden hablar de su situación en ese espacio porque están haciendo política"

En la página web http://www.dss2016.eu, además de todo tipo de alabanzas a Adegi, se recogía que “la primera muestra concreta de la colaboración tendrá lugar en el acto 'Cultura para Convivir en la Empresa', organizado por Adegi el 15 de enero en Tabakalera”. Evidentemente, eso es lo natural, que busquen su alianzas con quienes general la riqueza de este país.
Postdata: en su poema 'Preguntas de un obrero ante un libro', Bertol Brecht se pregunta lo siguiente:


Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? En los libros figuran los nombres de los reyes. ¿arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?
Y Babilonia, destruida tantas veces, ¿quién la volvió a construir otras tantas?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?
La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿adónde fueron los albañiles?
Roma la Grande está llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió? ¿Sobre quiénes triunfaron los Césares?
Bizancio, tan cantada, ¿tenía sólo palacios para sus habitantes?
Hasta en la fabulosa Atlántida, la noche en que el mar se la tragaba, los habitantes clamaban pidiendo ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba consigo ni siquiera un cocinero?
Felipe II lloró al hundirse su flota. ¿No lloró nadie más?
Federico II ganó la Guerra de los Siete Años. ¿Quién la ganó, además?
Una victoria en cada página. ¿Quién cocinaba los banquetes de la victoria?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién paga sus gastos?
Una pregunta para cada historia.


Pues bien. Del mismo modo que miles de albañiles participaron en la construcción de la Muralla china, del mismo modo que el joven Alejandro no conquistó solo la India o del mismo modo que los arcos del triunfo en el Imperio Romano los hacían los esclavos, fueron muchos los obreros que participaron en las obras de remodelación del edificio de Tabakalera. Obreros que durante mucho tiempo trabajaron –no olvidemos, en una obra financiada con dinero público– en condiciones de total explotación, con jornadas abusivas de 11 y 12 horas diarias con ritmos de trabajo escandalosos –claro, había que terminarlo caiga quien caiga antes de la Capitalidad Europea de la Cultura–, salarios de miseria a 7 euros la hora con todo incluido –pagas, vacaciones, dietas...– y continuas conculcaciones de derechos laborales.
Estos trabajadores y trabajadoras decidieron organizarse en torno a ELA. Decidieron luchar por sus derechos, denunciar su situación ante la Inspección de Trabajo y hacer frente a quienes les explotaban. Al final, gracias a esa lucha sindical, en febrero del 2014 se logró un acuerdo en el que se garantiza, como mínimo, la aplicación del Convenio de la Construcción de Gipuzkoa. Los trabajadores vieron considerablemente mejorada su penosa situación anterior, pasando de meter una media de ¡60 horas semanales con un salario de miseria!, a trabajar y cobrar lo que marca el convenio –38 horas semanales y un 55% más de salario–. Pero, como bien se planteaba Bertol Brecht en ese conocido poema, seguramente esto tampoco aparecerá en los libros de historia.