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Nada organizado que limite su poder

03/02/2016
Si en un partido de fútbol alguien sufre un fuerte golpe y queda tendido en la hierba, el equipo contrario echa el balón fuera y espera a ver si se recupera. Se le llama fair play. En las relaciones entre el capital y el trabajo eso no sucede; al contrario, el poder económico saca provecho de la debilidad ajena. Si caes o te tiran, es tu problema. Es el capitalismo.

Adolfo Muñoz TxikiAdolfo Muñoz "Txiki", Secretario General del sindicato ELA (artículo publicado en Gara)

Mientras tanto, los gobiernos, que deberían desempeñar, al menos, un papel arbitral, eliminan las reglas que protegen al débil. Así es como entre gobiernos y capital aumentan la desigualdad a niveles desconocidos hasta ahora.

La pasada semana un compañero contaba que al ofrecerle un contrato una empresa a una trabajadora, la empresa le dijo: «aquí se trabajan horas extras y no se cobran». A cambio de 800 euros. O en un Banco, en la misma situación: «aquí se trabaja de 8 a 15 horas»

Confebask plantea una Nueva Cultura de Empresa (NCE) donde las relaciones empresario-trabajador sean de «colaboración». Deberían contárselo a los miles de despedidos y despedidas en esta crisis; a los trabajadores y trabajadoras de TRW, ACB, Gaska, Aernnova y tantas otras. Lo que de verdad busca la patronal, eufemismos al margen, es apoyo político y sindical para acabar con el conflicto entre capital y trabajo. En su «NCE» las condiciones de trabajo las decidiría el empresario de forma unilateral. Confebask usa la ley española para empeorar las condiciones de trabajo que se lograron en años de lucha. Para su «NCE» la negociación colectiva es un estorbo. ELA no descubre nada si afirma que la empresa es cualquier cosa menos un ámbito democrático.

ELA insiste: la crisis, además de para destruir derechos laborales y sociales, se está usando –siguiendo el manual de Thatcher– para destruir las identidades colectivas que se oponen al capitalismo. Los gobiernos apoyan a la patronal en su cruzada antisindical. La acción política del Gobierno de Gasteiz es una prueba. Por ejemplo, cuando el lehendakari, refiriéndose a Catalunya, dice: «me alarma que movimientos sociales sin responsabilidad política condicionen a los partidos que tenemos que rendir cuentas a la sociedad. Es delicado confundir democracia representativa con participativa». El lehendakari no dice nada de los lobbies empresariales, de la Banca, de las eléctricas... que controlan la política y los gobiernos. Quienes acumulan riqueza y viven obsesionados en lograr que la movilización social y los votos de los ciudadanos sean irrelevantes para el cambio político y social le parecen al lehendakari «responsables». Si se analiza la puerta giratoria vasca se podrá comprobar la presencia de esos «responsables» decidiendo la fiscalidad vasca en los últimos 30 años. Esos no han tenido que salir a la calle para «condicionar» las reformas, simplemente las han hecho.

El lehendakari, al decir eso, no piensa solo en Catalunya. Piensa en las organizaciones, de todo tipo, que interpelamos a su Gobierno; especialmente en las que rechazamos una relación clientelar con su Gobierno. Ellos entienden la política como un ámbito reservado. Y, claro, su Gobierno es consecuente con esa forma de pensar cuando se niega a reunirse con ELA. Ni el lehendakari, ni la consejera de Competitividad ni la de Interior aceptan reunirse con ELA. Lo que opine una organización sindical con el 40% de representación sobre la negociación colectiva, la situación de la industria vasca o la aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana no les importa. No somos «responsables». ELA quiere subrayar la intolerancia al hecho sindical que muestra un Gobierno que se dice democrático.

Por eso trabajamos contra el individualismo y por la solidaridad; por eso marcamos referencias que consideramos indispensables, y construimos organización y un tejido social que sea capaz de producir el rearme ideológico y ético que precisa nuestra sociedad

El Gobierno Vasco y Confebask comparten el objetivo de reducir la influencia del movimiento sindical y social a la mínima expresión y, además, pretenden sacar a los sindicatos de los centros de trabajo. No quieren nada colectivo que les limite. Solo «personas», «individuos», uno a uno. Entre el poder político o empresarial y el ciudadano o trabajador o trabajadora individual, nada organizado. ELA conoce muy bien que, en demasiadas ocasiones, lo que dicen las leyes y los convenios es papel mojado. El miedo insuperable que crean impide el ejercicio de muchos derechos. Algunos dirán cínicamente que se renuncia a ellos «voluntariamente». La pasada semana un compañero contaba que al ofrecerle un contrato una empresa a una trabajadora, la empresa le dijo: «aquí se trabajan horas extras y no se cobran». A cambio de 800 euros. O en un Banco, en la misma situación: «aquí se trabaja de 8 a 15 horas». No quería decir que se sale a las tres de la tarde; no, se informaba de que se trabajan de 8 a 15 horas al día. ¡Concilia tu vida familiar! Así es la vida real. En esa vida real de uno a uno carecemos de fuerza negociadora.

El Gobierno de Gasteiz apoya a patronales que ni pueden ni quieren acreditar su representatividad; su representación es otorgada. El presidente del CES de la CAPV decía en una entrevista que «es una sobrada cuestionar a alguien a quien tradicionalmente se ha venido reconociendo como interlocutor». ELA cree que es absolutamente normal discutir la legitimidad de aquellas patronales que, además de no ser representativas, ni siquiera permiten una negociación colectiva equilibrada y lideran la involución en las normas laborales y en el modelo de sociedad. Han destrozado cualquier equilibrio y no se merecen que el movimiento sindical les reconozca una legitimidad representativa que no tienen.

El Gobierno de Gasteiz ayuda a la patronal a sacar a los sindicatos de las empresas cuando dice defender una sociedad constituida por la «Administración, las empresas y las personas». Sin sindicatos. Les «alarma» lo colectivo que une voluntades para defender a la gente débil; les produce sarpullido. Es un pensamiento predemocrático, alejado de las leyes protectoras de derechos fundamentales colectivos. Sí, señores del Gobierno, derechos colectivos; los mismos derechos colectivos que con su ejercicio han posibilitado las conquistas laborales y sociales que ahora destruís.

Para la construcción nacional de nuestro pueblo –ojalá soberano–, ELA cree imprescindible que las fuerzas políticas, sindicales y sociales actuemos para frenar esta involución con «label vasco». ¿De qué país hablamos? ¿De qué autogobierno? ¿De un país donde una corte de privilegiados no tenga oposición alguna a sus deseos? Ese país no lo queremos; para construir ese país no os apoyamos. ELA cree que esta involución con label vasco no afecta solo al ámbito sindical; afecta a todas las organizaciones que quieran defender posiciones autónomas a las del Gobierno. ELA no ha aceptado ni aceptará relaciones clientelares que tengan por objeto eliminar la crítica política a las acciones de Gobierno.

ELA da mucho valor a las organizaciones –entre las que nos encontramos– que trabajamos para construir una sociedad alternativa. Por eso trabajamos contra el individualismo y por la solidaridad; por eso marcamos referencias que consideramos indispensables, y construimos organización y un tejido social que sea capaz de producir el rearme ideológico y ético que precisa nuestra sociedad.

Nada organizado que limite su poder