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Mirar en la dirección acertada: Baiona

03/10/2013
Joseba Azkarraga Etxagibel.- Es ciertamente importante mirar en la dirección adecuada. Más aún, en una época de tanto ruido. Fueron varios los que predijeron el colapso financiero, no es cierto que nadie lo viera. No obstante, la mayoría no miró en la dirección adecuada. Pongámonos constructivos: ¿qué es hoy “mirar en la dirección adecuada”? ¿Cuáles son hoy las tendencias que no debiéramos perder de vista, puesto que determinarán nuestro mundo, economía y sociedad?

Joseba Azkarraga Etxagibel, Autor del ensayo Euskal harriak. Trantsizio sozioekologikorako gogoetak

Recientemente hemos oído al Lehendakari que el incremento de la factura eléctrica en España dejará seriamente tocadas a las empresas vascas, puesto que perderán competitividad. Desde que saltó la noticia, experimentamos una inquietante combinación de rodillas temblorosas y sudor frío. El problema de la factura energética, problema que realmente pocos llegan a entender, tiene un profundo carácter español, y en consecuencia afecta a la mayoría de nuestro pueblo, pero salta a la vista la dimensión global de la cuestión energética.

Cierto es que no resulta muy edificante la actitud de quienes, con pose solemne y mirada más o menos indulgente, alegan aquello de que “nosotros ya lo advertimos”, mientras, cigarro en mano, exhalan la bocanada de humo al rostro del gestor del sistema. Y, sin embargo, también en este caso no son pocos los que hace tiempo lanzaron las pertinentes advertencias, aunque las palabras cayeran sin ninguna eficacia a los pies de los gestores. No son pocos. Hace tiempo.

La crisis no comenzó con el estadillo de la burbuja financiera, sino cuando el barril de petróleo llegó a los 150 dólares

Digámoslo una vez más: la crisis no comenzó con el estadillo de la burbuja financiera, sino cuando el barril de petróleo llegó a los 150 dólares, mostrando que el crecimiento era imposible con la materia prima imprescindible por las nubes, y desvelando la enorme ilusión óptica de que quienes estaban sobre-endeudados pudieran pagar su deuda y los intereses correspondientes. Tanto el capitalismo financiero como la economía real están íntimamente imbricados con la economía real-real, es decir, con los flujos de materiales y energía. Ha sido dicha economía real-real la que nos ha borrado la sonrisa sin alma que nos colgaba, es ella la que ha dejado al descubierto los pies de barro del gigante.

Una vez más: es previsible que en los próximos años y décadas se incrementen los costes energéticos, al igual que el coste de materiales y otras materias primas. Porque donde hay humo, hay fuego. Porque ya no puede incrementarse la cantidad de petróleo extraído por unidad de tiempo, mientras que la demanda sigue creciendo sin cesar (debido a la también insaciable sed de los países emergentes). Ya hemos consumido el petróleo más fácil de extraer, el mejor en cuanto a calidad y el más barato. Hemos entrado ya en la fase del petróleo caro, escaso y de mala calidad. Sucede que, mira tú por dónde, los recursos finitos se van agotando.

Provocar una transición ordenada hacia el post-crecimiento, bien organizada, planificada, cimentada en criterios de justicia social, basada en la cooperación

Una vez más: el mundo moderno-urbano-industrial globalizado se ha construido gracias a la intervención masiva y barata de las fuentes de energía fósil (carbón, petróleo y gas natural); quizá sea ésa su característica última. Pues bien, el hecho de que la producción mundial de petróleo convencional haya tocado techo (el techo del gas natural sucederá un poco más tarde) tiene el potencial de condenarnos a una depresión sin precedentes. Porque no existe, de momento, ninguna alternativa energética similar. Si la hipótesis se cumpliera, quedaría por delante una tarea política tan titánica como trascendental: provocar una transición ordenada hacia el post-crecimiento, bien organizada, planificada, cimentada en criterios de justicia social, basada en la cooperación.

Una vez más: la materialización histórica de la crisis energética global podría dejar pequeño el batacazo de la crisis financiera, pero no afectaría por igual a todos los territorios. En el caso de Euskal Herria, debido a su enorme dependencia energética, el temblor en las rodillas combinado con sudor frío pudiera parecernos un leve contratiempo.

En lo que se refiere al modelo de desarrollo, en nuestro país el despiste ha sido notable. Los vecinos del solar vasco nos hemos solido mirar unos a otros como aquellos que se encuentran por primera vez en el ascensor, de modo esquinado, con cierto aire de mal genio, con una idea más bien rudimentaria sobre fundamentales cuestiones como de dónde viene la energía que empuja el ascensor y salvaguarda el funcionamiento diario de las viviendas. Nos ha faltado saber mirar en la dirección adecuada y, por ello, es posible que nos veamos obligados a aplicar tiritas para un cáncer.

Nos ha faltado saber mirar en la dirección adecuada y, por ello, es posible que nos veamos obligados a aplicar tiritas para un cáncer

Al menos, esperemos que los lamentos provocados por la subida de la factura energética sirvan para abordar una transición energética que debiera ser tan rápida como revolucionaria. Asumiendo que sería un grave error obcecarse en la matriz fosilista, mirando por ejemplo en la dirección del fracking. Dejando a un lado el desastroso balance ecológico que provocaría la fractura hidráulica, su eficacia, esto es, la Tasa de Retorno Energético, es más que dudosa (cuánta energía haría falta para obtener determinada cantidad).

Más que empresas, son polígonos enteros los que van cerrando, las administraciones se encogen, y van cayendo piezas básicas del bienestar. Es obvio el declive. Nuestras sociedades están perdiendo complejidad, por emplear la definición que Tainter dio al concepto “colapso” (The Collapse of Complex Societies). El estallido de la burbuja financiera explica en parte esa pérdida de complejidad, pero desde una perspectiva ecosocial, esa pérdida podría acelerarse en el futuro. Porque, mira tú por dónde, el crecimiento continuo es una imposibilidad física en un planeta finito.

Además de las decisiones que deban tomar las instituciones vascas y las necesarias directrices de ámbito europeo, es a la ciudadanía a quien toca responsabilizarse de la situación y pasar a la acción

Hemos comprendido que los años gloriosos no volverán, pero seguimos creyendo que volveremos a la senda del crecimiento, aun cuando dicho crecimiento sea más modesto, aun cuando leves recaídas puedan malograr a ratos la vocación modesta pero incontestablemente ascendente de la gráfica. ¿Y si fuera al contrario? Quizá el destino nos depare un declive gradual, a lo mejor salpicado de pequeños momentos de respiro, pero declive al fin y al cabo. Quizá sea más profundo el olor a calcetines sucios que despide el sistema que habitamos y nos habita.

Una de las cuestiones que se nos presenta es: ¿qué podemos hacer los ciudadanos y ciudadanas? Además de las decisiones que deban tomar las instituciones vascas y las necesarias directrices de ámbito europeo, es a la ciudadanía a quien toca responsabilizarse de la situación y pasar a la acción. Han pasado ya cinco años desde que se fundieran las luces de la gran fiesta y desde que ingerimos la última gota de alcohol, y ya hemos traspasado esa fase atribulada de la borrachera en la que somos conscientes de que no podemos hacer nada hasta que los efectos de la embriaguez comiencen a remitir.

Este domingo Baiona representará esa necesaria reflexión lúcida posterior al estado de embriaguez. El momento de fijarnos en las alternativas reales, de mirar en la dirección adecuada, abordando la necesaria transformación energética y el estremecedor cambio climático.

Baiona norabidea, norabide bai ona.