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Melanie Dufour-Poirier: "Los sindicatos en Norteamérica están jugando en el terreno local"

13/10/2017
Conforme la clase trabajadora se ha ido haciendo más plural, el sindicato ha dejado de representar a toda la clase trabajadora, según Dufour-Poirier. Por eso, entre tantas cosas, ha recomendado volver a los orígenes.

Lander Muñagorri, Berria 2017/10/13

El sindicalismo tiene que volver a ser un movimiento social total, inclusivo, abarcando a todos los trabajadores precarios entre tantas cosas, para cambiar la sociedad.

Melanie investiga los retos del sindicalismo de cara al futuro en la Universidad de Montreal. Está preocupada por la relación a veces difícil y complicada que tienen las personas jóvenes con los sindicatos, y según dice en su país “a algunos, les da vergüenza involucrarse en de los sindicatos”. En los movimientos sociales en cambio, la presencia de los jóvenes es mayor, y por eso dice que los sindicatos tienen que volver a sus orígenes. Es decir, que el sindicalismo tiene que volver a ser un movimiento social total, inclusivo, abarcando a todos los trabajadores precarios entre tantas cosas, para cambiar la sociedad.

Es necesario crear coaliciones con otras entidades de la sociedad civil, para estar en primera línea como agente de cambio.

Cuando hablas de los sindicatos sueles ser dura, pero dices que no puedes ir contra ellos.

No, no puedo estar
lo, porque creo que son necesarios. Pero sí, como académica, mi trabajo es hacer un análisis crítico y riguroso. Creo que algunos sindicatos han perdido de vista su objetivo principal: ser agentes políticos e impulsar el cambio social. Por eso creo necesario crear coaliciones con otras entidades de la sociedad civil, para estar en primera línea como agente de cambio.

Quieres decir que los sindicatos han pasado de ser agentes de transformación a limitarse al trabajo en los centros de trabajo?

En mi país (Quebec), en las leyes laborales se les da total legitimidad a los sindicatos. Hasta 1944 los sindicatos eran tolerados pero el empresario podría prescindir de ellos en la negociación colectiva. Después de muchas luchas el gobierno les
concedió legitimidad institucional, a través de lo que se conoce como el monopolio de la representatividad sindical. Ya que, en los centros de trabajo puede haber sólo un sindicato, y ése es el que defiende los derechos de los trabajadores y trabajadoras. El empresario, además, tiene que pagar la cuota sindical al trabajador. Por lo tanto, seas miembro del sindicato o no, el sindicato te tiene que defenderte. Pero los sindicatos, en cierto modo, han sido victimas de ese éxito, es decir, de este reconocimiento que se les ha brindado a nivel institucional. Por ello, para muchos trabajadores y ante la opinión pública, han perdido la legitimidad sociológica de la que gozaban. Si un sindicato apoya una huelga de estudiantes, la gente piensa que ése no es su papel. Esta opinión ha contaminado unas franjas de la sociedad.

La sociedad ha cambiado, pero la clase trabajadora también...

Sí, es así. No estamos en la clase homogénea de antaño, es decir, en la época en la que el trabajador era ese hombre blanco, laborando en los sectores industriales tradicionales (e.j. Extracción de los recursos naturales y transformación de aquellos). Hoy en día la mayoría de los empleos se crean en el sector de los servicios,
donde el empleo es aún más precario. Pero estos cambios no se reflejan dentro de todos los sindicatos, ya que hay un problema de representatividad dentro de las instancias donde se toman las decisiones. Y eso influye en su discurso, el cual no representa a todos los miembros del sindicato.

Y mientras el capital sigue reforzándose en muchos ámbitos. El sindicato ¿está perdiendo ámbitos?

Es un gran reto, porque los sindicatos tienen que renovar tanto su discurso como sus prácticas.

El capitalismo se está reforzando, sí, y cada vez le da más importancia a ganar más. Para ello están flexibilizando las condiciones de trabajo, reduciendo la cantidad de trabajadores fijos. Así van aumentando los trabajadores precarios. En este momento en el que la clase trabajadora deja de ser tan homogénea como antes, a pesar de que siempre había existido una cierta diversidad entre los miembros del sindicato ¿cómo conseguir continuar teniendo un único discurso de clase, producir identidades que abarquen a todos y produzca militancia entre los trabajadores? Es un gran reto, porque los sindicatos tienen que renovar tanto su discurso como sus prácticas. La solución es conseguir un camino colectivo. Pero los jóvenes entran en otras organizaciones, en movimientos sociales, y no en los sindicatos. Y ahí queda en evidencia la falta de relevo generacional.

Dices que a los jóvenes les da vergüenza militar en los sindicatos.

Sí, en mi país desde luego
a muchos de ellos les avergüenza. Hay cada vez más precarización y el discurso no llega a la gente. De hecho, para la mayoría el sindicalista es un trabajador con buenas condiciones de trabajo, con contrato fijo y que además, muchas veces, no escucha las necesidades de los trabajadores más precarios en el mercado laboral.

¿Dices, por tanto, que las cúpulas sindicales están lejos de las bases?

Para recuperar tu legitimidad social, tienes que volver a las bases, cultivar tu vida sindical, no solamente cuando se negocia el contrato colectivo, sino en el día a día.

Así es. Los altos cargos ¿conocen a sus bases? ¿Saben qué quiere su gente? Los sindicatos tienen que volver a sus bases, participar en la esfera política, y eso luego, tendrá repercusión en tu centro de trabajo. Tu trabajo es representar a los trabajadores y trabajadoras, pero ¿a quién representarás? Y ¿para qué? Y cómo lo harás? Cuando los sindicatos (en Quebec) consiguieron la institucionalización, se desconectaron de los trabajadores. El problema de muchos sindicatos es ése, pero para recuperar sociologicamente tu legitimidad, tienes que volver a las bases, cultivar tu vida sindical, no solamente cuando se negocia el contrato colectivo, sino en el día a día.

Los sindicatos ¿deberían ser un movimiento social? ¿Es eso volver a sus orígenes? o es algo más...

Ser movimiento social quiere decir tejer alianzas, y si hay que implicarse en una lucha, implicarse. Hay que interpelar al gobierno, pero ¿cómo lo vas a hacer si te dedicas sólo a lo tuyo?

El sindicato es algo que se tiene que alimentar de arriba abajo y de abajo arriba. Ser movimiento social quiere decir tejer alianzas, y si hay que implicarse en una lucha, implicarse. Hay que interpelar al gobierno, pero ¿cómo lo vas a hacer si te dedicas sólo a lo tuyo? Hoy en día estamos en un terreno de juego global, pero los sindicatos en Norteamérica tienden a estar jugando en el terreno local porque es ahí donde el Código del trabajo encuadra su acción.

Y ¿cómo se consigue eso? ¿Cómo llevar esa lucha al terreno global?

En los sindicatos ya hay una visión identitaria, es un vehículo identitario, no es sólo los servicios que ofrecen, porque sino los trabajadores contratarían un seguro.

La normativa laboral ha conseguido alinear a los sindicatos, pero tienen que hacer autocrítica. No pueden decir que es la culpa del contexto, que la actitud del estado es blanda, que la patronal está cada vez más envalentonada, y que la gente es cada vez más individualista. No se pueden basar en eso. Tienes que hacer propuestas a la gente, tienes que llegar a la gente. Creo que el problema es más enrevesado que lo que nos quieren hacer ver. No puedes decir sólo que la gente es más individualista, tienes que hacer un análisis más a fondo. El sindicato siempre ha hecho lucha colectiva, hay que ver qué es lo que provoca esa lucha colectiva. En los sindicatos ya hay una visión identitaria, es un vehículo identitario, no es sólo los servicios que ofrecen, porque sino los trabajadores contratarían un seguro. Hay que preservar eso.