"Me han despedido por impulsar elecciones sindicales"

2016/12/02
Cumplidos ya los cincuenta, edad en la que, dentro de una situación laboral “normal”, deberías estar viviendo cierta estabilidad en el trabajo y pensando en otras cosas, de repente llega el día en el que te encuentras en la calle, despedido.

Juankar

Han sido prácticamente veinticuatro años los que he estado trabajando en la empresa, realizando una labor que permitía integrar al mundo laboral a personas con discapacidad intelectual límite. Era una labor dura pero, a la vez, extraordinariamente satisfactoria; una labor en la que tenías un trato directo con las personas, preparándolas para un futuro laboral y, en la misma medida, para que fueran capaces de conseguir una autonomía para actuar en las demás facetas de la vida.

Como yo cada vez un mayor número de compañeros tienen que coger la baja por la intensidad y el mal planteamiento del trabajo

En todos estos años, humildemente, creo que he realizado un buen trabajo; esto es así desde el punto de que la mayoría de los trabajadores que componen la plantilla de la empresa han aprendido conmigo. Siempre he intentado lidiar, pese al desacuerdo de parte de la dirección de la empresa con mi forma de trabajar, con la dicotomía entre la producción y lo que para mí son unos principios morales básicos: el respeto a las personas y unas condiciones laborales dignas.

Cuando llegó la crisis, las condiciones de trabajo fueron empeorando. Yo, particularmente, tuve dos largas bajas con cinco operaciones en tres años por motivos laborales, y como yo cada vez un mayor número de compañeros tienen que coger la baja por la intensidad y el mal planteamiento del trabajo.

Al ver que las condiciones de trabajo de los operarios eran aún peores que antes para un colectivo ya de por sí desfavorecido, decidimos dar los pasos adecuados para llevar a cabo unas elecciones sindicales

Después de obtener, obligado por la empresa, una certificación de minusvalía y, tras mucho pelear, un informe de adecuación del puesto de trabajo, al recibir el alta me reincorporé cargado de ilusión. Pero al ver que las condiciones de trabajo de los operarios eran aún peores que antes (horas de trabajo excesivas, sábados sin remuneración extra, descuentos en las nóminas...) para un colectivo ya de por sí desfavorecido, nos reunimos varios monitores y decidimos, con el apoyo de ELA, dar los pasos adecuados para llevar a cabo unas elecciones sindicales que nos permitieran tener un comité de empresa.

Recogimos nombres y completamos las listas informando a los trabajadores y pusimos en marcha el proceso. Antes de que llegara el preaviso del Gobierno Vasco de la convocatoria de las elecciones sindicales, un compañero y yo tuvimos la deferencia de mostrarle la notificación al representante de la dirección de la empresa. Error. Ahí comenzaron a poner en marcha la maquinaria y unas semanas más tarde le aplicaron dos sanciones graves a mi compañero y al día siguiente, a mí, me entregaron la carta de despido en la forma de despido disciplinario. La dirección de la empresa nunca quiso tener relación con los sindicatos y coartaban cualquier posibilidad de asociación entre los trabajadores.

Antes de que llegara el preaviso del Gobierno Vasco de la convocatoria de las elecciones sindicales, un compañero y yo tuvimos la deferencia de mostrarle la notificación al representante de la dirección de la empresa. Error.

La primera medida que tomamos fue la de recurrir el despido. Mientras, continuaba el proceso electoral en el cual me impedían tomar parte como candidato desde la dirección de la empresa, coartando mis derechos. No satisfechos con esto, en diferentes reuniones informativas en contra de las elecciones, no perdieron la oportunidad de tratar de ensuciar mi nombre calificándome de mal profesional y de pesetero, entre otras cosas, para poner a la gente en mi contra y desvirtuar las elecciones.

Finalmente sacamos adelante las elecciones sindicales en las que yo no pude participar como candidato pero pude votar debido a un error administrativo en mi despido, y conseguimos los representantes para el comité de empresa. La verdad es que este hecho hay que marcarlo como un hito en la historia de la empresa y del que tenemos que sentirnos muy orgullosos.

Volviendo a mi situación, desde el primer momento solicitamos la nulidad del despido y la reincorporación al puesto de trabajo; situación a la que no se avenía la dirección de la empresa. Existió una oferta económica que no acepté e incluso me ofrecieron la opción de regresar pero sin el reconocimiento de la nulidad del despido término este con el que no estábamos de acuerdo. Mi intención siempre fue la de regresar pero con las garantías que podía ofrecerme la nulidad.

Llegó el día del juicio y cada parte llevó sus testigos. Antes de entrar en la sala, el abogado de la otra parte se dirigió a mi abogada preguntándole si estaríamos dispuestos a escuchar una oferta económica, con su actitud me quedó muy claro que no querían que yo volviera a la empresa; después mantuvimos una reunión con la secretaria del Juzgado y llegamos a un acuerdo económico, pero yo me quede en la calle. A veces, aunque solo sirva para martirizarme, pienso que habría ocurrido de haberse celebrado el Juicio. En fin, es mirar hacia atrás y no sirve para nada. Lo único que me alegra es que mi despido haya servido para que ahora en la empresa exista un comité que vele por los derechos de los trabajadores.

Aún hoy es el día en el que llega a mis oídos de que la dirección de la empresa, no conforme con mi despido y con el acuerdo firmado continúa ensuciando mi nombre diciendo que yo no quería volver, que por fin conseguí el dinero... ante lo que, como única defensa, puedo redactar este escrito para que lo leáis y lo valoréis. Pero sobre todo deseo que sirva de llamamiento para que, entre todos, mantengamos con fuerza el comité de empresa por el que tanto hemos luchado; un comité que la dirección de la empresa está intentando desactivar con acciones individuales sobre sus miembros con un abuso de superioridad más que evidente contra el que solo se puede luchar manteniendo el bloque.

Como despedida doy las gracias a todas las personas que me han apoyado: a mi familia, apoyo incondicional en mis cotidianas desdichas, a mis compañeros y compañeras de la empresa sin los que no habría podido resistir todo este tiempo y a los trabajadores y trabajadoras de ELA cuyo trabajo y continuo ánimo nos ha mostrado el camino a seguir.

Ha sido un verdadero placer haberos conocido y luchar codo con codo en nuestro día a día durante todos estos años. ¡Qué no pisoteen nuestros derechos!

Hasta siempre.