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Más y más gente

13/02/2018
En el momento de cerrar esta edición de Landeia se ha suspendido la sesión de investidura que iba a celebrarse en el Parlamento catalán y se están haciendo públicos mensajes privados del president Puigdemont al exconseller Comin, en el que al parecer se considera amortizado. Sea lo que sea, parece evidente que los acontecimientos que se han sucedido a partir del 1 de octubre y, sobre todo, la tremenda actitud del estado (represión policial, artículo 155, guerra judicial...) están a punto de romper las costuras de las fuerzas independentistas, si no lo han hecho ya. En el tiempo se verá si es una cuestión coyuntural y superable o se va agrandando la fractura. Es inútil, a día de hoy, tratar de dibujar escenarios de futuro.

Xabi_AnzaXabi Anza, responsable de formación en ELA (artículo publicado en Landeia)

Como sindicalistas vascos quizá éste es un buen momento para pasar a limpio algunas cosas. Porque lo que está pasando en Cataluña nos aporta enseñanzas fundamentales para los que abogamos por la plena soberanía vasca. Me atrevo a apuntar cuatro.

Por razones ecológicas, climáticas y sociales, y también por aspiraciones nacionales, urge construir instrumentos (financieros, cooperativos, empresariales, energéticos...) comprometidos con la tierra y con la justicia social

La primera es que el Estado es duro, muy duro. Que no hay posibilidad alguna de establecer entre Cataluña (o Euskal Herria) y España un diálogo bilateral, de igual de igual, y de buena fe. España es fuerte e impone la unidad sin escuchar a una nación que ha movilizado millones de personas a favor de otro estatus político. Tampoco un parlamento autonómico es suficiente para moverlo: no lo fue con el estatut (90% de apoyo)  y no lo ha sido ahora. Ha aplicado el 155 y le ha ido, piensa, bien. Y el éxito de Ciudadanos apunta lo que viene: involución, más centralismo. De esa dureza tenemos que concluir que para alcanzar el derecho a decidir, catalán o vasco, se va a requerir una suma de fuerzas monumental. Hay que resignificar, además, la unilateralidad, porque el muro es más grueso de lo imaginado. Y la bilateralidad no existe.

La segunda enseñanza es que el principal capital político de Cataluña es su gente, más que sus representantes, sus fuerzas políticas o sus instituciones. Hablamos de 2 millones de personas empoderadas que protagonizaron un capítulo heroíco en defensa del derecho a voto, que alcanzaron una increíble victoria política, social, mediática, cibernética, discursiva... Lo que está pasando no nos debe hacer olvidarlo. Por eso, lo urgente, lo más decisivo, también en esta hora, es dar sentido y horizonte al momento presente. Prepararse para una lucha que va a ser larga, y marcar líneas de trabajo que se entiendan, que motiven, que ilusionen.

Cataluña no ha fracasado. Todo lo contrario: es probablemente la que más cerca está de conseguirlo

La tercera enseñanza tiene que ver también con la gente, y es que hace falta más gente. Y creo que el proceso pro-independencia ha tocado su techo si no es capaz de incorporar un proyecto de país ilusionante y alternativo a las políticas de ajuste y de empobrecimiento que en Cataluña se han aplicado igual que en todo Europa. Decía Ken Loach hace unos días que no acababa de ver la conexión entre los intereses de la clase trabajadora catalana y el proceso independentista. Algo similar señalaba un documento de una de las corrientes de la CUP (Endavant) al valorar las elecciones del 21 de diciembre. Hablamos de la suerte de las clases populares: trabajadores precarios, mujeres, pensionistas...

Y la cuarta es que para alcanzar la soberanía hacen falta soberanías. La manera en que el gran capital y empresas emblemáticas se han deslocalizado o han amenazado con hacerlo, reforzando la estrategia del estado, debería contribuir abonar un propósito definido: por razones ecológicas, climáticas y sociales, y también por aspiraciones nacionales, urge construir instrumentos (financieros, cooperativos, empresariales, energéticos...) comprometidos con la tierra y con la justicia social. Dicen que 500.000 personas se han dado de baja de La Caixa. No se si es cierto. Lo que sí es cierto es que hoy no hay una entidad bancaria alternativa y comprometida con el terruño que pueda gestionar la adhesión de 500.000 clientes en dos meses. Hay que crear los instrumentos que el capitalismo, durante décadas, nos ha robado.

Ninguna nación situada dentro de algún estado de la OTAN se ha “desmembrado” jamás en la historia de la alianza militar. Pero alguna lo conseguirá un día. Cataluña no ha fracasado. Todo lo contrario: es probablemente la que más cerca está de conseguirlo.