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Las flores del salón

24/11/2016
Ya hay acuerdo para formar gobierno en la Comunidad Autónoma de Euskadi, entre PNV y PSE-EE. No era una sorpresa. Además de que ya tienen experiencias de anteriores gobiernos de coalición, era bastante previsible que el PNV buscara como socio a un “partido de orden” y el PSE-EE está por la labor. Tampoco será demasiado extraño que, en temas presupuestarios, en “las cosas de comer” logren acuerdos con el otro “partido de orden”, el PP.

Koldo Artzai 2016/11/22

Ya hay acuerdo para formar gobierno en la Comunidad Autónoma de Euskadi, entre PNV y PSE-EE. No era una sorpresa. Además de que ya tienen experiencias de anteriores gobiernos de coalición, era bastante previsible que el PNV buscara como socio a un “partido de orden” y el PSE-EE está por la labor. Tampoco será demasiado extraño que, en temas presupuestarios, en “las cosas de comer” logren acuerdos con el otro “partido de orden”, el PP.

Plantean crear un órgano permanente para la participación institucional, con Gobierno, Patronal y los sindicatos que quieran sumarse.

Habrá que ver cómo se desarrolla el acuerdo PNV-PSE, pero hay un capítulo que ya marca una línea que no deja lugar a dudas: Plantean crear un órgano permanente para la participación institucional, con Gobierno, Patronal y los sindicatos que quieran sumarse. Lo animarán “reforzando los programas de apoyo económico e incentivos fiscales orientados a este objetivo” Así es como arranca el capítulo que titulan Diálogo social y Participación. Un modelo ya ensayado en Nafarroa por el gobierno de UPN y que, parece, aún pervive en parte.

Comentando una publicación en mi blog, Lluis Ra me sugirió una lectura que explica cómo “la lógica de la concertación, tanto más cuanto más se acerca a la conciliación, selecciona un tipo de sindicalismo economicista y, sobre todo, burocrático”

Recurre a la explicación que ofrece Offe, que la describe en 5 etapas.

Una primera, en la que la identidad colectiva y la disposición a actuar de sus militantes, es lo que predomina en un sindicalismo activo.

Se pasa, luego, a la segunda etapa en la que el sindicato puede lograr concesiones, no por ir a la huelga, sino por evitarla. Es decir, por amagar y no dar. Movilizar a sus militantes para que parezca que la cosa va en serio pero, a la vez, frenarlos. Algo que ya hemos visto por aquí, amenazando en público con huelgas, incluso generales, que luego terminan en la firma de una acuerdo “lo menos malo”, antes de cualquier movilización.

En la tercera etapa, se intenta que la supervivencia del sindicato, la del aparato del sindicato, está separada de la solidaridad de la afiliación. La supervivencia no se garantiza desde dentro, sino que es externa, es decir, depende de los apoyos y reconocimientos institucionales.

La desmovilización de la militancia, acarrea una falta de recursos que se suple con financiación estatal, haciendo que la supervivencia pase a depender de los apoyos gubernamentales. Esto lleva al sindicato a un proceso de aparente participación en la toma de decisiones sobre las políticas públicas, pero la cobertura externa exige no cuestionarlas, ni inspirar sospechas sobre las pretensiones sindicales a largo plazo.

Deslizándose por esta pendiente, el sindicato termina dándose cuenta de que sustituir su fortaleza de adhesiones internas, de su afiliación y militancia, por los apoyos externos que le dan patronal y gobiernos, le han dejado indefenso ante las amenazas de retirarle apoyos y financiación.

La salida que les quedaría sería, quinta etapa, reactivar la militancia, su disposición a movilizarse, repolitizarla con una estrategia de contrapoder. Algo muy complicado en una organización entrenada para la desmovilización.

Esta explicación de la realidad evolutiva de la burocratización sindical, encaja con lo que sucede en Euskal Herria. Lo que hacen PNV y PSE creando el “órgano permanente para el Diálogo Social, es, precisamente, lo que Offe define en la tercera etapa.

Los poderes políticos y económicos, sin embargo, se encuentran con un problema en Euskal Herria: La mayoría sindical que representa ELA y, también, LAB, no entran en ese juego.

Los poderes políticos y económicos, sin embargo, se encuentran con un problema en Euskal Herria: La mayoría sindical que representa ELA y, también, LAB, no entran en ese juego. Su fortaleza depende de su afiliación. Su autonomía financiera hace que no necesiten garantías externas y ello les permite defender sus postulados sin necesidad del visto bueno de patronal o gobierno, aunque no siempre ganen.

Los sindicatos del diálogo institucionalizado, incómodos porque su papel conciliador queda en evidencia frente a la dinámica reivindicativa, se suman a las descalificaciones.

Patronal y Gobierno intentan hacerles frente y se unen en esta contienda, utilizando varias vías. Confebask pide la ilegalización de LAB y ELA. El Gobierno da carta de validez a una Mesa de diálogo con la minoría sindical y a los convenios que la patronal firme con esa minoría. El Lehendakari, dirigentes de su partido y algún Diputado General descalifican que ELA opine sobre fiscalidad y modelo social y le reclaman que, para hacerlo, se presente a las elecciones políticas. Los sindicatos del diálogo institucionalizado, incómodos porque su papel conciliador queda en evidencia frente a la dinámica reivindicativa, se suman a las descalificaciones.

Desde las instituciones, mezclando su función de administradores públicos con el de patronos, dan cobertura a las empresas de subcontratas de servicios, para que no solucionen largos conflictos provocados por su negativa a avanzar en la negociación colectiva. (Residencias de Bizkaia, mantenimiento de carreteras de Gipuzkoa, limpieza en Educación…) Su objetivo parece ser doblegar al sindicalismo reivindicativmaceta-de-salono, evitar que se extienda.

Resistencia irracional y palo a estos sindicatos y zanahoria, “legitimidad” pública y financiación a los de la conciliación institucionalizada. Eso sí, siempre que no se salgan del papel ni cuestionen el modelo.

Pretenden convertir a los sindicatos en flores de salón.

Pretenden convertir a los sindicatos en flores de salón. En casi todos los salones hay alguna maceta de adorno, que lustra y da apariencia a la estancia. Se riega, se mima y abona. Pero en casi todos los salones, la maceta está en una esquina, en un rincón, para que luzca pero no estorbe.