La ideología de la maternidad y la conciliación

2013/10/28
Artículo de Jule Goikoetxea en el blog Temati-ka de naiz.info (27/10/2013) que viene a cuenta de una entrevista que publicamos en euskara en esta web / El otro día leí una entrevista a Carolina del Olmo, y a decir verdad, me a dejado preocupada, porque se ve que en nuestra sociedad tenemos muy interiorizada la sacralización de la maternidad.

Jule GoikoetxeaJule Goikoetxea, naiz.info 27/10/2013

Las feministas han enseñado que las ideologías de la maternidad se han creado para mantener a las mujeres en casa y en la esfera privada, bajo la excusa funcional de la división del trabajo. Dado que sin ideología de la maternidad no puede haber división sexual del trabajo. La división sexual del trabajo es una condición necesaria del patriarcado y la ideología de la maternidad es la que ha posibilitado la formación de la masculinidad, y, por tanto, la reproducción indefinida de la desigualdad sexual.

La maternidad se inventó para hacer a cambio de un beso (a cambio de amor) el trabajo que no gusta ni a los Estados, ni a los hombre

La ideología de la maternidad históricamente, y, hoy en día, posibilita el control de la que produce la fuerza de trabajo, y, por ahora, sólo las mujeres creamos fuerza de trabajo. Si las mujeres dejaran de lado la maternidad (que no el tener hijos/as) sería muy difícil la discriminación y la explotación privada y pública de las mujeres. Esa ha sido precisamente una de las principales tareas de las olas y corrientes feministas: la deconstrucción de la maternidad, la lucha teórica y militante a muerte contra la ideología de la maternidad; porque la ideología de la maternidad condiciona y limita totalmente la entrada de las mujeres al espacio público.

Empezando desde nuestros sistemas económico y jurídico, pasando por los sistemas de finanzas, de salud, de educación... todos tienen como fundamento la ideología de la maternidad, esos sistemas que discriminan sistemáticamente a las mujeres, se basan en la maternidad para poder funcionar. Todos esos sistemas injustos (basados en la explotación y en la discriminación) generan injusticias estructurales y mientras no se cambien esas desigualdades estructurales la conciliación seguirá siendo una herramienta que reforzará la ideología de la maternidad, a pesar de que las medidas de conciliación se pongan en marcha con la mejor intención, y a pesar de que se pongan, justamente, en contra de la ideología de la maternidad conservadora.

Toda publicidad, película, crónica, información, libro de texto, dato, mito, persona e historia que une amor, natural e instinto tiene por objeto la dependencia de unas sobre otros

El 95-97% de las personas que piden la baja maternal-paternal son mujeres, es decir, sólo el 5-3% de los padres piden la baja. Eso nos dice, alto y claro, que la conciliación la hacen las mujeres, es decir, que son ellas las que hacen doble trabajo. Y eso, cuando existe la explotación y discriminación antes comentada, quiere decir que las mujeres están volviendo a casa, y no, al menos no sólo, al trabajo "público-pagado". Si es verdad que una profesora a jornada completa después de la baja maternal vuelve al trabajo, no está tan claro que lo hagan así las mujeres sin jornada completa, ni que decir de las que cobran menos de 500 euros o las que tienen tres empleos de menos de 300 euros (que cada vez son más). A esas no les merece la pena volver al puesto de media jornada (o de jornada parcial) si tienen hijos/as, dado que tendrán que pagar 300 euros a la mujer que los/las cuide (y a esta última mujer le pasará tres cuartos de lo mismo cuando tenga ella los/las suyas). ¿Entonces? Que las mujeres con empleos miserables se quedan en casa cuidando a sus hijos/as. Y tradicionalmente son las mujeres las que peores empleos tienen.

Este no es un problema específico de la conciliación, o no es un problema que trae la conciliación, sino que es consecuencia de vivir en un sistema patriarcal donde las mujeres por un lado cobran menos por el mismo trabajo realizado por hombres, y, por otro, los trabajos que realizan, debido a que los realizan mujeres, están precarizados, sin dinero, sin prestigio. Y, claro, la base misógina de la maternidad no desaparece con la ideología de la paternidad, estaría bien que los hombres pidieran las bajas paternales, o que ellos dejaran el empleo para cuidar a los/las hijas, pero estando el mercado laboral y el mercado del prestigio tal y como están, a menudo eso no tiene sentido.

La conciliación devuelve a la mujer a casa, al cuidado de hijos/as, a la esfera privada. Entonces el problema tiene, por lo menos, dos dimensiones, una práctica, es decir, el prestigio y el dinero lo tienen los hombres. La otra teórica, la feminidad se ha construido desde la maternidad, y la feminidad se utiliza para construir la masculinidad hegemónica.

La maternidad ha sido siempre el fundamento principal de la feminidad. Eso ha convertido la maternidad en objetivo principal de la mujer. Es la ideología que le dice que su misión principal, la que la va a colmar, será tener hijos/as y cuidarlos/las. Porque no hay nada que llene más a una madre que el bienestar de sus hijos/as, por encima de todo, incluso de su vida. Y tiene que ser así, porque sino serían el Estado y los hombres los que tendrían que cuidar y educar a los/las hijas desde el principio hasta el final, es decir, también cuando son ancianos y hasta la muerte.

Pero los cuidados sólo colman a las mujeres, porque sólo las mujeres tienen esa afición natural e instintiva de limpiar culos. Por eso lo hacen gratis, porque lo hacen por amor, y para una mujer, es decir, para una madre, el amor de sus hijos/as es lo más grande. Por lo tanto, hacen ese trabajo, lo tienen que hacer, a cambio de un beso.

La maternidad es la ideología que dice que la mujer tiene el instinto natural de cuidar y amar niños/as. La maternidad se inventó para hacer a cambio de un beso (a cambio de amor) el trabajo que no gusta ni a los Estados, ni a los hombre.

Toda publicidad, película, crónica, información, libro de texto, dato, mito, persona e historia que une amor, natural e instinto tiene por objeto la dependencia de unas sobre otros.

Siempre ha sido así, y así será también en adelante.