La espada de Damocles de la precariedad

2015/11/04
Publicamos a continuación una versión en castellano de la entrevista que Iolanda Parra ha realizado a David Casassas para el blog La llei del més dèbil, que el Observatorio DESC tiene en el periódico digital catalán Crític.

David_CasassasSinPermiso, 04/10/2015

David Casassas, Es profesor de Teoría Social en la Universidad de Barcelona. Vicepresidente de la Red Renta Básica, es también miembro del Observatori DESC y del Comité de Redacción de la Revista SinPermiso.

Has descrito el trabajo como aquel conjunto de actividades, remuneradas o no y a menudo poco escogidas, que realizamos para satisfacer nuestras necesidades materiales y simbólicas.

"Que el trabajo de cuidados es trabajo lo deberíamos saber ya todos y todas. De hecho, lo hemos dado por sentado siempre, aunque no se haya reconocido de forma pública"

Y dices también que el trabajo debería ser aquello que queremos hacer para tratar de ser aquello que nos gustaría ser, con quienes nos gustaría estar y tal y como nos gustaría vivirlo. ¿Cuál es el camino para conseguirlo?

Caminos puede haber muchos: no se pueden ofrecer fórmulas cerradas que se desplieguen de forma supuestamente unívoca y con validez universal. Todo esto depende de cómo interpretemos qué queremos hacer con nuestras vidas, individual y colectivamente, y de cómo nos organicemos para luchar por vidas dignas, por vidas dignas de ser vividas. Pero sí me atrevo a decir que la práctica de formas de trabajo realmente queridas depende, en buena medida, del goce de conjuntos de recursos materiales y simbólicos que nos hagan más independientes con respecto a instancias ajenas. Sólo así podremos construir toda una interdependencia que respete aquello que somos y queremos ser. ¿De qué recursos estamos hablando? De nuevo, no existen respuestas unívocas, pero creo que tanto la política pública -renta, sanidad, educación, cuidados, vivienda, etc.- como los muchos espacios autogestionados que podamos poner en marcha juegan un papel crucial.

Mencionas la importancia del trabajo no remunerado, especialmente el trabajo de cuidados. ¿Ves posibilidades de que se considere como trabajo en un futuro próximo?

Que el trabajo de cuidados es trabajo lo deberíamos saber ya todos y todas. De hecho, lo hemos dado por sentado siempre,

"No podríamos realizar ningún tipo de trabajo si no existiese previamente trabajo de cuidados, trabajo reproductivo -que incluye muchas cosas-"

aunque no se haya reconocido de forma pública. No podríamos realizar ningún tipo de trabajo si no existiese previamente trabajo de cuidados, trabajo reproductivo -que incluye muchas cosas-. Sólo hace falta que nos fijemos en ello un poco y nos daremos cuenta de esta realidad palmaria. Por suerte, los movimientos sociales -y pienso sobre todo en los diversos feminismos- hace tiempo que subrayan este hecho y que nos recuerdan que conviene debatir políticamente esta cuestión. De hecho, nos jugamos mucho en el reconocimiento social del trabajo de cuidados. Primero, porque, como decía, es condición necesaria para todo el resto de trabajos. Y segundo, porque, muy posiblemente, un mejor encaje del trabajo reproductivo en nuestras vidas -en las de las mujeres y también en las de los hombres- nos permitiría dotar de mayor sentido el conjunto de actividades que hacemos o intentamos hacer. Volviendo a tu pregunta, creo que se puede decir que los trabajos de cuidados, pese a hallarse todavía lejísimos de constituir una realidad plenamente reconocida, constituyen una cuestión cada día más central en los movimientos emancipatorios. Pensemos, sin ir más lejos, en la importancia que han adquirido en el seno del 15-M o en los distintos intentos de asalto a las instituciones en clave de ruptura democrática.

Este año el curso anual de Derechos Sociales del Observatorio DESC está dedicado a la transformación de los trabajos. ¿Por qué es necesario este curso?

Durante buena parte del siglo XX -sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial-, se dio por hecho que la seguridad socioeconómica de la gente quedaba garantizada por la participación -normalmente de la población masculina- en los mercados de trabajo.

"nos encontramos, cada vez más, con amplias capas de la población que no parecen decididas a restablecer el viejo consenso fordista de posguerra"

Los mercados de trabajo ofrecían una renta (salarial) y, también, un conjunto de derechos que, supuestamente, nos permitían vivir con cierto desasosiego. Pero hoy este consenso está roto: cada vez hay más personas con una relación intermitente con los mercados de trabajo, con continuas entradas y, sobre todo, salidas; cada vez hay más gente que percibe rentas salariales inferiores al umbral de la pobreza; cada vez nos cuesta más organizarnos para consolidar derechos laborales -sin ir más lejos, la ofensiva del capitalismo neoliberal contra los sindicatos ha sido terrible-; cada vez nos es más difícil mantener o conseguir las derechos sociales que habían estado vinculados a la participación en los mercados de trabajo, etc. Paralelamente, nos encontramos, cada vez más, con amplias capas de la población que no parecen decididas a restablecer el viejo consenso fordista de posguerra. Se trata de gente, mayoritariamente joven, que no parece querer un empleo único y para toda la vida, sino que, precisamente, aspira a combinaciones de trabajos -de trabajos de diversos tipos- que permitan un mayor respeto hacia los usos del tiempo y las formas de vida, siempre cambiantes, que vamos deseando a lo largo de nuestro ciclo vital.

"Aspiran a combinaciones de trabajos, que permitan un mayor respeto hacia los usos del tiempo y las formas de vida, siempre cambiantes, que vamos deseando a lo largo de nuestro ciclo vital"

¿Cómo entender y encarar políticamente estos fenómenos? Por ello este curso: necesitamos tiempo y dedicación para pensar estas cuestiones, para entender las respuestas populares a estos fenómenos, para analizar cómo distintos actores sociales y políticos van tomando posición frente a estas transformaciones del capitalismo, de sus mercados de trabajo y de las formas de vida que les son anexas. Finalmente, nos parecía también que la perspectiva de derechos, que en cierto modo apunta a la necesidad de blindar recursos indispensables para garantizar la invulnerabilidad social de las personas, puede contribuir a pensar la revolución democrática en la esfera de los trabajos. Obviamente, todo esto en el Observatorio DESC interesa. [...]

¿El trabajo es un derecho? ¿Cómo se puede garantizar este derecho en tiempos de crisis y paro elevado?

El derecho al trabajo tendría que ser un derecho inalienable. Pero cuidado: estamos hablando del derecho al trabajo deseado -remunerado o no-, no el supuesto "derecho" a un trabajo impuesto en el seno de unos mercados donde las clases populares llevan siempre las de perder. Creo que hemos de luchar por el derecho a realizar aquellas actividades que responden a nuestros deseos, a nuestra naturaleza. ¿Cómo conseguirlo? De nuevo, conjuntos de derechos sociales concretados en recursos materiales e inmateriales garantizados como derechos de ciudadanía nos pueden hacer más libres para escoger los tipos de trabajo que realmente

"Creo que hemos de luchar por el derecho a realizar aquellas actividades que responden a nuestros deseos, a nuestra naturaleza"

queremos para nuestros vidas. Bien mirado, hay muchos tipos de trabajo socialmente necesarios y que seguramente nos gustaría hacer pero que no podemos hacer porque estamos obligados a aceptar lo que "se nos ofrece" en los actuales mercados de trabajo -cuando se nos ofrece: pensemos en las elevadas tasas de paro que estamos observando-. Por otro lado, la reducción de la jornada de trabajo -remunerado- también podría favorecer que todos y todas accediéramos con mayor facilidad al mundo del empleo, del mismo modo que liberaría tiempo y energías para podernos dedicar a actividades no remuneradas.

¿Los sindicatos son hoy, bien entrado el siglo XXI, los únicos representantes de los trabajadores?

Los sindicatos han de seguir jugando un papel importantísimo en la representación de las clases trabajadoras. Creo que nos hacemos un gol en propia puerta cuando dejamos de combatir el desprestigio en el que la derecha neoliberal -pensemos en Margaret Thatcher- ha tratado de sumir al grueso del sindicalismo durante los últimos 35 o 40 años. Esto no significa que los sindicatos no tengan que tratar de tomar conciencia de las transformaciones de los mercados de trabajo contemporáneos y actuar en consecuencia. De hecho, en parte lo están haciendo: lo veremos en este mismo curso. También es interesante observar la aparición de nuevas organizaciones sindicales orientadas directamente a combatir las nuevas formas

"Standing critica la pérdida de la identidad ocupacional de todas las personas que viven vidas hechas de "pedazos y trocito" desconectados, sin que podamos tener una visión de conjunto y con sentido de aquello que hacemos y somos"

de precariedad que el capitalismo neoliberal ha traído -estoy pensando, por poner sólo un ejemplo, en sindicatos de trabajadoras del hogar-. En cualquier caso, las clases trabajadoras -en los sindicatos y fuera de ellos- han de luchar y han luchado tanto por el salario directo, que es el dinero que cobramos a finales de mes, como por el salario indirecto, que es todo lo que dejamos de estar obligados a pagar en el mercado porque los poderes públicos nos lo garantizan: sanidad, educación, vivienda, etc. En la medida en que movimientos sociales y políticos de distintos tipos actúan también en favor de derechos sociales que garantizan un buen "salario indirecto" -pensemos en la PAH, por ejemplo-, podemos afirmar que los sindicatos no son los únicos representantes de la clase trabajadora, aunque deberían constituir una pieza clave. [...]

La sesión de clausura se celebrará en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y contará con la presencia de Guy Standing. ¿Cuáles son sus principales planteamientos?

Nos ha parecido importante invitar a Guy Standing por su preciso e inspirador análisis de las transformaciones de los trabajos y de las clases trabajadoras. Creo que nadie como él ha entendido qué es la precariedad, una precariedad que sufrimos todos y todas -o, por lo menos, muchísima gente- sea porque vivimos ya en condiciones de (extrema) vulnerabilidad o porque vivimos constantemente bajo la amenaza de caer en esta vulnerabilidad. ¿Conoces a mucha gente que viva libre de esta espada de Damocles? Yo conozco a más bien pocos. Pero el análisis que Standing hace de la precariedad no es un mero lamento. Por un lado, Standing critica la pérdida de la identidad ocupacional de todas las personas que viven vidas hechas de "pedazos y trocito" desconectados, sin que podamos tener una visión de conjunto y con sentido de aquello que hacemos y somos. Por el otro, nos sugiere que esta situación puede ser utilizada por los movimientos emancipatorios para poner en cuestión la propia idea del trabajo asalariado en clave capitalista y apuntar a la práctica de un conjunto diverso y más harmónico de actividades -de nuevo, remuneradas o no- que tengan más sentido para nosotros, que nos hagan más libres. Pero esto no es posible si no luchamos desde ahora mismo por una "carta de derechos" para la población trabajadora del siglo XXI, una carta de derechos que nos empodere para poner en práctica estos trabajos "más nuestros". Tanto a la gente del Observatorio DESC como a la de SinPermiso, revista que co-organiza esta última sesión, nos parecía que cerrar el curso con estas reflexiones podría ser de lo más estimulante. De hecho, nos gustará mucho que el 10 de noviembre la gente pase por el CCCB a reflexionar con Guy Standing sobre todo esto.