Involución industrial 4.0

2018/01/12
Nunca hemos tenido tanto como hoy. Nunca tanto conocimiento, nunca tanta tecnología, sin embargo, nos rodea una sociedad cada vez más injusta.

Endika, delegado de ELA

El cambio tecnológico que se avecina en las empresas es brutal y si algo hay que reconocer, es la capacidad que se tiene desde la empresa multinacional para adaptarse y competir, “cosa nada fácil”. Se avecina un cambio tecnológico sin precedente en las empresas. Un cambio tecnológico acompañado de métodos y técnicas de trabajo centradas en la eliminación de lo que es considerado residual o un desperdicio para la empresa, aplicando de este modo, una filosofía denominada de mejora continua. El método de las 5´S, el Mantenimiento Productivo Total, Manufactura Esbelta… Practicas y metodologías extraídas del ”KAIZEN”, famosa filosofía Japonesa que no solo es utilizada para implantar una buena organización en la empresa, pues, también vale de aplicación para varios aspectos de la vida. Todo eso está muy bien.

No tiene ningún sentido crear líneas de producción con la capacidad de producir cada vez más y más, con menos personal; incluso, aplicar una filosofía de motivación para que la plantilla sea más competitiva, y luego, las condiciones laborales en vez de avanzar, lo que estén sean retrocediendo

La coherencia nos obliga a pensar que los métodos o la filosofía de mejora continua aplicada en la empresa multinacional, debería ser proporcional también para las condiciones de los trabajadores. No tiene ningún sentido crear líneas de producción con la capacidad de producir cada vez más y más, con menos personal; incluso, aplicar una filosofía de motivación para que la plantilla sea más competitiva, y luego, las condiciones laborales en vez de avanzar, lo que estén sean retrocediendo. Ya no existen contratos a jornada completa ni estabilidad, los contratos son parciales y con pacto de horas complementarias, además la eventualidad aumenta alcanzando cifras desorbitadas. A estos eventuales se les forma para después echarlos a la calle. Se les rota para romper la continuidad mandándoles al paro. Mientras tanto, la empresa se lamenta de lo difícil que es organizar a la plantilla y dice precisar de flexibilidad.

Los salarios se estancan mientras la vida sube, la jornada de trabajo sigue siendo la misma que la de hace años mientras se sustituyen maquinas por trabajadores, y los calendarios laborales no facilitan la conciliación. Se remunera la nocturnidad como si fuera algo simbólico sin tener en cuenta el perjuicio que provoca en nuestra salud y se intenta compensar la falta de reconocimiento de los que estudiaron una carrera haciéndoles creer que todo lo que se les está dando son oportunidades y que si no les gusta, ahí tienen la puerta. Cuando más sentido tiene defenderse… cuando más sentido tiene la unión de un colectivo para hacerle frente al retroceso… existe el miedo de una plantilla a afiliarse en la empresa, cuando en realidad, el miedo es de la empresa a que la plantilla se afilie y se dé cuenta que en vez de avanzar, está retrocediendo.

Que difícil explicarle a un indefinido que él también es víctima, o hacerle ver que la eventualidad que en la fábrica le rodea, a él también le afecta, ya que dificulta toda posibilidad organizativa y de reivindicación

Trabajo en la misma empresa donde trabajó mi madre, en la cual, mediante dos generaciones y medio siglo de trabajo continuo, hemos sido testigos de un cambio, tanto en las condiciones laborales, como en lo tecnológico “antes éramos mas y producíamos menos” me ha dicho alguna vez. Siempre me ha apoyado. El Shock que ha provocado la crisis en la conciencia de la sociedad es enorme. Hemos llegado a tal punto de enajenación, que agarrándonos a un clavo ardiendo aceptamos lo inaceptable. Pero mientras tanto, la tecnología avanza. Probablemente con el tiempo se creen empleos que hoy no existen, pero que mañana existirán. Las nuevas generaciones estarán formadas y preparadas para dicho cambio. Y hoy… tenemos nuestro Smartphone, nuestros juguetitos y aparatitos, y realmente no nos hemos parado a pensar lo siguiente: Que en pleno siglo XXI, el avance tecnológico no va a conseguir acabar con la desigualdad, ni con el hambre, ni con la pobreza. Es más, el hecho de producir más y más en las últimas décadas no ha mejorado nuestras vidas, no ha reducido nuestras jornadas, el trabajo es más precario, tenemos más estrés, más inseguridad y sentimos una mayor angustia por perder lo que ya tenemos o perder el curro que nos da de comer. Y a todo esto... seguimos con el miedo a organizarnos.

El hecho de producir más y más en las últimas décadas no ha mejorado nuestras vidas, no ha reducido nuestras jornadas, el trabajo es más precario, tenemos más estrés, más inseguridad

Mientras se abre la vía a una nueva revolución industrial, nos han debilitado. Que difícil explicarlo y darse cuenta de ello a la vez. Que difícil explicar las reformas. Que difícil explicarle a un indefinido que él también es víctima, o hacerle ver que la eventualidad que en la fábrica le rodea, a él también le afecta, ya que dificulta toda posibilidad organizativa y de reivindicación. Si el fijo está mal… el eventual ya ni te cuento. El que trabaja en oficinas no se puede desmadrar porque tiene al jefe al lado, eso sí, siempre tendrá la posibilidad de armarse en un profundo valor y tocar la puerta para pedir aumento, a riesgo de no salir muy bien parado, la técnica del “Toc, Toc” como yo la llamo.

Nos han individualizado.

Por todo esto, hoy más que nunca hay que darle sentido al sindicato para defender nuestros intereses y derechos laborales. Mostrar nuestro rechazo a la congelación salarial, limitar la flexibilidad, defender el empleo estable y de calidad, plantar cara a las reformas y perder el miedo a organizarse.