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Hegemonía y nuevo estatus

12/02/2018
Aprendimos perfectamente a decir que la hegemonía no era tener la mayoría electoral. Repetíamos adecuadamente que Gramsci comparaba la hegemonía con el hecho de tener la vanguardia intelectual y moral de la sociedad. Sin embargo, los movimientos y estrategias de los partidos independentistas han seguido estando orientados a las próximas elecciones. Y hemos seguido queriendo encontrar la hegemonía no en la sociedad, sino en la representación en las instituciones actuales.

Unai ApaolazaUnai Apaolaza, profesor de filosofía (este artículo es la traducción del publicado en Info7)

Tras la inflación en torno al término “hegemonía”, ha llegado la deflación. Un concepto imprescindible hasta ayer hasta para dar la receta de unas madalenas ya no nos vale ni para explicar los acontecimientos políticos.

Aprendimos perfectamente a decir que la hegemonía no era tener la mayoría electoral. Repetíamos adecuadamente que Gramsci comparaba la hegemonía con el hecho de tener la vanguardia intelectual y moral de la sociedad. Sin embargo, los movimientos y estrategias de los partidos independentistas han seguido estando orientados a las próximas elecciones. Y hemos seguido queriendo encontrar la hegemonía no en la sociedad, sino en la representación en las instituciones actuales.

No es lo mismo intentar incidir en el autonomismo a partir de un discurso y una praxis independentista potente que sugerir que practicando el autonomismo, sin discurso ni praxis independentista, se reforzará el independentismo

Lo que ha traído la embriaguez causada por el empleo de la hegemonía y la posterior resaca, ha sido el rechazo de los efectos positivos que podía tener dicho concepto, tras su uso y abuso.  Hemos optado por seguir entendiendo el concepto de hegemonía a la manera de siempre. Por tanto, hemos seguido entendiendo la hegemonía desde el punto de vista cuantitativo, porque empezar a entenderlo cualitativamente nos exigía empezar a pensar más allá de los esquemas tradicionales.

La  cuestión del nuevo estatus del Parlamento de Gasteiz es un claro ejemplo de ese déficit. De un tiempo a esta parte el marco principal de la praxis y el discurso de EH Bildu es autonomista. Clasificaría las razones que llevan a ello en tres bloques: Los argumentos del primer bloque dicen que el respaldo social del Estatuto de Autonomía es muy amplio y que, por tanto, quien quiera obtener buenos resultados electorales deberá aproximarse al discurso de defensa del Estatuto de Autonomía. El segundo explica que dar total prioridad a la agenda del Nuevo Estatus revelará en la sociedad los límites del Estatuto de Autonomía. Y que ante esa verdad revelada, quien sea autonomista se convertirá en independentista, cual manzana madura que cae del árbol. El tercer y último tipo de argumentos diría que, ya que EH Bildu no ve otro camino que llegar a un acuerdo con el PNV, el independentismo debería desarrollar un discurso autonomista, con el fin de facilitar ese acuerdo.

Urge que el independentismo, en lugar de seguir alimentando espacios políticos ajenos, empiece a reforzar el suyo propio. Con un estilo de confrontación eficaz debe generar un discurso y una praxis que justifique su opción política, con el fin de ampliar y reforzar su propio espacio político

En los tres casos se renuncia a alimentar el espacio político propio, esto es, el independentista. En el primer caso en pos de unos resultados electorales hipotéticos; en el segundo, bajo el pretexto de poner en evidencia los límites del autonomismo, y en el tercero, suponiendo que es el modo de facilitar el acuerdo con el PNV. Las tres lógicas conllevan la muerte del espacio político independentista y la consolidación del autonómico.  

En principio no es malo que EH Bildu participe en el debate sobre el Nuevo Estatus. Pero sí que lo convierta en núcleo de su acción política. Porque no es lo mismo intentar incidir en el autonomismo a partir de un discurso y una praxis independentista potente que sugerir que practicando el autonomismo, sin discurso ni praxis independentista, se reforzará el independentismo. Tal como se ha dicho, la primera opción refuerza el espacio político independentista; la segunda, por el contrario, el autonomista.    

El punto de vista cuantitativo de la hegemonía nos lleva a identificar espacio político con partidos políticos, orientando el refuerzo de estos espacios únicamente a la pugna electoral. Atascada en el discurso de la normalidad que supuestamente se pretende cambiar, EH Bildu ha intentado mejorar sus resultados electorales, creyendo que con la acción en espacios políticos ajenos se pueden mejorar los resultados electorales propios. Sin embargo, los espacios políticos se deben alimentar mediante un discurso y una praxis que justifiquen su existencia.  

Si la práctica totalidad del discurso y la praxis del espacio independentista es autonomista, cualquier referencia a la independencia se volverá folklórica. No servirá para crear nuevos independentistas y, gradualmente, hasta quienes son independentistas creerán que la opción de la independencia es inviable; el espacio independentista ya no tendrá razón de ser, tenderá a desaparecer.

La aplicación del 155 ha provocado un desplazamiento del discurso en Cataluña, en la medida en que la normalidad del independentismo ha pasado de reivindicar la república a respaldar la autonomía. El 155 ha forzado al sector más importante del independentismo catalán a reivindicar lo que querían dejar atrás. No obstante, creo que en el caso catalán ese desplazamiento es un refugio provisional para replantear la estrategia.

En cambio, en Euskal Herria no se ha producido tal desplazamiento porque EH Bildu, que sigue siendo la principal referencia del independentismo, lleva años reducido a una praxis y un discurso autonomista. Sin embargo, me parece que el 155 ha llevado a EH Bildu a formular un discurso autonomista cada vez con menos pudor.   

En lugar de aprovechar la corriente favorable de Cataluña en los últimos años, el independentismo de Euskal Herria se ha limitado a manifestar su solidaridad con Cataluña. Debemos situar una de las principales razones para ello, una vez más, en todas las carencias que se derivan de entender la hegemonía desde el punto de vista cuantitativo. El independentismo de Euskal Herria está imaginando el futuro desde un punto de partida mucho más modesto que el que podría ser.

Urge que el independentismo, en lugar de seguir alimentando espacios políticos ajenos, empiece a reforzar el suyo propio. Con un estilo de confrontación eficaz debe generar un discurso y una praxis que justifique su opción política, con el fin de ampliar y reforzar su propio espacio político. Creo que pagaremos caro la aproximación a espacios políticos de otros a fin de lograr acuerdos. 

Nos acercaremos a la hegemonía independentista cuando entendamos la hegemonía no desde el punto de vista cuantitativo, sino cualitativo. Esta tarea corresponde a toda la comunidad independentista y EH Bildu, a diferencia de lo que ha hecho hasta ahora, deberá impulsarla. Hay otras vías para llegar a la república vasca, y son mejores.