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El gaitero sin nombre y la puta sin rostro

09/04/2018
Desde el “Almuerzo a lo alto de un rascacielos” hasta el rostro de una prostituta detrás de una máscara: el próximo Día Internacional del Trabajador debería ser la viva imagen de la reivindicación pero también de reflexión y crítica a un sistema caprichoso y exclusivo.

Miren EgurenMiren Eguren, ELA eskumaldea

Estaba yo buscando imágenes para hacer un póster del Día del Trabajador y, por su puesto, me topo con la emblemática fotografía de 1932, “Lunch atop a Skyscraper” (“Almuerzo a lo a lo alto de un rascacielos”). Once trabajadores almuerzan sentados sobre una viga a 260 metros de altura, con Manhattan a sus pies, en plena construcción del Rockefeller Center de Nueva York. A esta imagen, cuya autoría ha estado ligada a diferentes nombres hasta ser declarada anónima, la acompañan otras no menos curiosas. En una de ellas se puede ver a algunos de esos obreros, de nuevo sin ningún tipo de sistema de seguridad, descansar tumbados sobre la misma viga. Si pudiéramos hablar con Joe Eckner y Joe Curtis, los dos únicos protagonistas identificados de la foto, les preguntaríamos cuánto de verdad y cuánto de posado publicitario hubo en esas imágenes. Trasteo un poco más y descubro a un trabajador tocando la gaita en la construcción de otro edificio en Nueva York, en 1957. Fue tomada por Arthur Rothstein, famoso fotoperiodista estadounidense con casi cinco décadas de profesión a sus espaldas. No se trata, por tanto, de una escena publicitaria. En el caso de la primera fotografía, la táctica para dar a conocer el Rockefeller Center ha quedado en el olvido y se ha convertido en un símbolo, cosa que la imagen de Rothstein logra, de una manera más discreta y natural.

Así que mientras los puteros del mundo se manifiestan el uno de mayo a cara descubierta, las putas que acudan lo harán con la cara tapada

¿Qué pinta ahí arriba un tío con una gaita? Pensarán algunos. Sacarse una foto, responderán otros. Como narcisista declarada que soy, yo contesto: “hacerme sonreír”. Detrás de esa imagen tuvo que haber muchas risas y un deseo de hacer algo divertido con una cotidianeidad que no lo era. Descansar a 260 metros de altura, tumbarte, comer, es de valientes, ponerte a tocar la gaita, es de grandes. Nuestro gaitero se me antoja símbolo de alegría frente a la adversidad. Esa alegría que tenemos que sacar todxs – vale, unos con más motivos que otros- porque no nos queda más remedio, y mañana podemos caer al vacío. Y si lo hacemos, habremos sido artífices de una pequeña hazaña cotidiana que es la que recuerdas al final del día, si sales vivo de él. ¡Y qué gran hazaña, salir vivx de él!

Realidades de a pie

Mucho más abajo, con los pies en el suelo a base de realidades mucho más sórdidas y cruentas, pero con el mismo peligro de no salir con vida, se encuentran las trabajadoras del sexo. Algunas de ellas tienen el coraje de reclamar sus derechos en manifestaciones, no sólo las referidas a su gremio, sino en la del 1 de mayo, por ejemplo. Personalmente, no las he distinguido nunca entre la multitud, tal vez, porque hasta no dar por casualidad con una imagen de una prostituta con la cara tapada reclamando sus derechos el Día del Trabajador, no contaba con ellas. El problema no es únicamente el prejuicio que hasta los que nos consideramos más progres no somos capaces de admitir que tenemos; si no el hecho de que, la profesión más antigua, o segunda más antigua del mundo (¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?) siga sumergiendo a sus profesionales en un submundo laboral y personal del que nos negamos a sacarlas. ¿Qué símbolo de alegría tienen estas mujeres? Si la pregunta parece estúpida, es porque lo es. Hay algo positivo en sus vidas, seguro, pero incluso aunque la prostitución se legalizara, cotizaran como los demás y dejara de considerárselas trabajadoras y seres humanos de segunda, ¿Cuál sería su imagen de portada?

La respuesta a tanta pregunta inútil es simple: ninguna. No puede ni debe, haber un símbolo, porque no debería haber un sistema de intercambio que suponga la última opción posible, y que además sea, un modo de vida fuera de la sociedad. Nos centramos en temas como la pobreza, recuperar la riqueza que generamos, la negociación colectiva… y cuando llegamos a la exclusión laboral y social que sufren estas mujeres en concreto, nos paramos en seco. No sabemos qué hacer. La denostación de esta profesión hace que no nos solidaricemos como ocurre con otros gremios. Las mujeres que han acudido al 1 de mayo con el rostro tapado tienen, muy probablemente, el apoyo de los presentes. Pero también han tenido en sus bolsillos el dinero de más de uno. Ahí es donde reside el problema. Siempre hay alguien dispuesto a pagar por estar con otro alguien, que no quiere estar él. El artífice de ese acto, que puede describirse de muchas maneras, no es tan despreciado como la mujer que se ve obligada a participar. Esa mujer que no tiene una base social ética que le permita ganarse la vida de otra forma, porque en su sistema, en todos los sistemas de este planeta, siempre existe la posibilidad de que vendas tu cuerpo. Eso sí, si estás dispuesta a hacerlo querida, te quedas fuera. Puedes ser doctora, cajera, pintora, lo que quieras. Pero o eres puta, o no lo eres. O estás en sociedad, o fuera de ella. O te tapas la cara, o no lo haces. Puedes celebrar tu día como trabajadora el 1 de mayo, o el 2 de junio, Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales, tapada o no, qué más da, porque o eres puta, o no lo eres.

Huevo, gallina; gallina, huevo… Las putas existen porque existen los puteros. Ellos y el bendito sistema que lo permite. Ya que eres tan permisivo, y dejas que las mujeres se sometan a la explotación de sus cuerpos, podrías dejar que tuvieran, por lo menos, los mismos derechos que lxs demás. Con eso, tal vez, lo del estigma social se iría difuminando un poco, y ayudarte a comprender que todo ser humano con una implicación/inclinación femenina en el terreno sexual y personal merece ser respetado tanto como tú. Tal vez así, comprenderías que las mujeres no somos seres humanos de segunda.

Podría seguir y seguir… Hay algo en la puta que llevo en mí que me hace filosofar. ¿Nunca se lo habéis preguntado aun hombre: si se ha ido de putas? Seguro que sí. Ninguno se indigna cuando lo haces, pero nosotras les arrancaríamos la cabeza si nos preguntaran si nos hemos prostituido. Ésa es la diferencia que hay en la concepción que tenemos de putero y puta. Así que mientras los puteros del mundo se manifiestan el uno de mayo a cara descubierta, las putas que acudan lo harán con la cara tapada esperando a poder salir de esa realidad, y participar con un símbolo que las incluya. Porque todxs podemos caer un día al vacío.