El final de los derechos universales, la vuelta a la beneficiencia

2012/09/21
Hay colectivos que ven cómo se recorta el estado de bienestar, sin haber disfrutado de él. Los escolares, que por primera vez van a ser más pobres que sus padres, se apretujan en las clases. La ley de dependencia que iba a poner un parche a la crisis de los cuidados, se queda en la mínima expresión. En los países empobrecidos más y más gente se muere de hambre, y sin embargo con una parte de lo que “hemos” dado a los bancos se habría acabado.

Iñigo Antepara, Desazkundea

Personas jubiladas y pensionistas, personas con diversidad funcional, personas en situación de desempleo… que creían garantizados los derechos ganados con su lucha diaria, ven también de cerca la tijera. Sutilmente se aboca a las personas migrantes a la subsistencia, y encima les criminaliza como si fueran ladrones, como si no se hubieran ganado esos derechos también. La sanidad deja de ser universal, Cáritas se hace cargo de muchas familias, y las grandes empresas donan dinero; es la vuelta a la beneficencia. Como no es lo que han venido a buscar, se vuelven a sus países. Y nuestros jóvenes se van a buscar suerte al extranjero. ¿Serán también tratados allí como mano de obra barata?

Con el estado de bienestar también se acaba la clase media que lo ha soportado (creada para pacificar la combativa clase obrera post II Guerra Mundial). Despidos y EREs destruyen los derechos laborales y nos llevan a la precariedad laboral. Los recibos de los servicios básicos aumentan, sube el IVA… Y por si fuera poco, 8 desahuciados diarios en Euskadi y Navarra.

El gobierno pide prestados 100.000 millones de euros… ¡pero para salvar la banca! Nada se sabe de los beneficios privados de otros años, ahora después de una mala gestión se convierten en públicas las pérdidas.

Hay demasiada rex publica, “sobran” empleados públicos, pero ningún partido prescinde del GASTO que son sus cargos de confianza. Y sigue habiendo dinero público para el TAV, la macro cárcel de Zaballa o el Fracking, que en nada benefician a la sociedad o el medioambiente. Aumenta el gasto militar, los ricos que se benefician de amnistías fiscales… Y que no falte dinero para el fútbol, o el baloncesto.

Está claro que no podemos vivir por encima de nuestras posibilidades gracias a gastarnos los “ahorros” de millones años que representa (o representaba) la madre tierra, y a hipotecar el futuro de generaciones venideras con tanta deuda. Una deuda ilegítima, ya lo vimos en América latina. Pero lo quieren subsanar haciéndonos más pobres, para que unos pocos puedan seguir siendo ricos. Nos están llevando a la exclusión social, a la pobreza, al incremento de la ya de por sí flagrante discriminación sexual, a una educación y sanidad para quien pueda pagarla, a unas políticas que obligan a la maternidad obligatoria, que empujan de nuevo a las mujeres a sus casas, a culpar a los de fuera, al racismo….

No hay una única vía, Hollande ha logrado hace poco rebajar la prima francesa poniendo orden entre sus ministros, dejándoles sin coches oficiales, quitando exenciones a los más ricos, dejando sin desgravación las horas extras, obligando a la banca a mirar más a las empresas que a la economía de casino, y prometiendo traer este año las tropas de Afganistán.

Desde el decrecimiento apostamos por un reparto justo de los recursos (alguno diría un reparto de la riqueza); sueldos máximos (sueldos más altos mucho más bajos), democratización del sistema productivo, decidir qué queremos producir (alimentos agroecológicos p.e.) y qué no (industria militar, nuclear…), reparto del trabajo remunerado y no remunerado (menos horas de trabajo, incluyendo trabajo doméstico, que lleguen para cubrir las necesidades realmente básicas), y por supuesto, una renta básica que garantice que todo el mundo puede cubrir esas necesidades básicas.

Plantear nuevas formas de organización del mundo donde se ponga la vida y a las personas en el centro, y no al mercado. Activemos alternativas locales que nos acerquen a impulsar nuevos modelos económicos, sociales y culturales. Visibilicemos el trabajo doméstico y de cuidados, su importancia y falta de reconocimiento. No a más deudas, que no se usan en proporcionar servicios sociales universales, que van a la especulación financiera: que pague el sector financiero la crisis que ha provocado.

Por supuesto, fuera el miedo, necesitamos movilización comunitaria para que nos devuelvan lo que nos están quitando antes de que sea demasiado tarde.