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El día de la marmota

16/09/2016
Recuerdo que cuando iba al extranjero, y decía que era vasco, recibía dos tipos de reacciones, dependiendo de la persona que tenía en frente: complicidad, si era de una nación sin estado, y superioridad, si era alguien que ya tenía su Estado. Es más, escoceses y catalanas me miraban con admiración; portuguesas, suecos, italianas, alemanes... perdonaban mi boronada de seguir hablando de soberanía en la era de internet.

Unai OñederraUnai Oñederra, Fundación Manu Robles-Arangiz

Este texto es la introducción del Gai Monografikoak 51: Soberanía nacional y cuestión social

El tiempo pasa, las cosas cambian, y aquí estamos nosotras mirando con admiración a Escocia y Cataluña, y ahí tenemos a griegos, inglesas, franceses, holandesas... hablando de soberanía. Cosas de la crisis. Pero ojo, que no todo soberanismo es emancipador. Más allá del soberanismo progresista, que se construye desde la esperanza, existe, y se está extendiendo, un soberanismo basado en el miedo: el conservador.

Todo avanza, sí, pero aquí seguimos hablando de nuevo estatuto y bilateralidad, en el día de la marmota. Una cosa es la economía circular, que hay que impulsar, y otra la política circular, que siempre vuelve al mismo sitio. Conviene no confundirse.

¿Dónde estamos? ¿Qué ha pasado estos últimos 40 años? ¿Qué lecciones hemos aprendido? ¿Cómo ir creando espacios de soberanía? ¿Qué están haciendo en otros lugares del mundo? ¿Dónde está el motor del cambio social? ¿Está en el gobierno? ¿Está en los movimientos sociales? ¿Es necesario tener un estado? ¿Es suficiente?

Estas preguntas, y más, son las que teníamos en mente a la hora de organizar las jornadas “Soberanía nacional y cuestión social” que celebramos en junio, en Gasteiz. Allí pudimos conocer las lecciones aprendidas por Solón en Bolivia, por Arrufat en Cataluña y por Berhocoirigoin en Iparralde. Las estructuras de Estado son importantes, sin duda, pero subrayaron que hay que poner especial empeño en fortalecer el movimiento social autónomo y en la construcción de espacios de soberanía, creando proyectos concretos construidos desde la comunidad y para la comunidad.

Lasagabaster hizo un repaso histórico del (retroceso del) autogobierno vasco, y comparó la actitud de Madrid con la que tuvo Canadá con respecto a Quebec: polos opuestos. ¿Podemos esperar algo desde Madrid? La respuesta fue tajante: “aquí nadie quiere negociar. Pero ya sabéis, la libertad y los derechos no se regalan, se cogen”.

En este punto, Apaolaza, Etxarte y Eskisabel nos dieron unas pistas sobre cómo ir contruyendo un movimiento soberanista con vocación mayoritaria, que vaya más allá del nacionalismo, y se centre en valores universales como los derechos humanos, la justicia social y la democracia.

Terminó Muñoa haciendo un repaso del recorrido que ha realizado ELA en los últimos cuarenta años, desde su refundación (III. Congreso, 1976), y dibujó los retos que tiene el sindicato, subrayando dos: la equidad de género y la justicia climática.
Soberanía nacional y cuestión social son dos lados de la misma moneda, no la cuadratura del círculo. Constatada la bilateralidad imposible con Madrid, qué necesario es definir una hoja de ruta, definiendo mínimos comunes, para salir de este círculo vicioso.  Esperamos que este Gai monografikoak ayude. Que circule.