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Dario Ansel:"En los años de la Segunda República, ELA no fue un títere en manos del PNV"

13/03/2013
Este año, se cumple el 80 aniversario del importante segundo congreso organizado por ELA en abril y mayo de 1933. Es uno de los capítulos del libro 'ELA en la II República', del italiano Dario Ansel. Este licenciado en Letras y Doctor en Historia es profesor de la Universidad de Bari. Su libro sobre la historia del sindicato abertzale ELA en la II república es una reelaboración de su tesis doctoral en el que ha invertido seis años de trabajo.

Entrevista realizada por Iban Gorriti y publicada en Deia el 2013/03/10.

¿Cómo llega un italiano a interesarse por 'ELA en la Segunda República'?

Con una beca de Erasmus. En la Universidad de Zaragoza realicé mi tesis de licenciatura sobre la historiografía de los nacionalismos vasco, catalán y gallego. Elegí como tema de investigación de mi tesis doctoral la postura del nacionalismo vasco sobre la cuestión obrera durante la Segunda República. Al lado de las razones historiográficas -no había estudios sobre el tema para el periodo elegido-, sin duda ha jugado un papel determinante mi pasión creciente por Euskadi y su historia.

La segunda asamblea de ELA, de la que se cumplen 80 años, fue "muy importante" en su historia…

Sí. El sindicato empezó a organizarse por federaciones de industria. En mi libro le dedico un gran espacio a este congreso por ser, en mi opinión, el momento de arranque del proceso de "evolución sindicalista" y de modernización de ELA, un proceso que se concreta entre 1934 y 1936.

¿Qué evolución ha vivido el sindicato desde su fundación?

Es difícil resumir en pocas palabras una historia centenaria. Cuando Solidaridad de Obreros Vascos (SOV) nació en Bilbao en 1911 era una organización minúscula, algo así como un brazo sindical del PNV. Las cosas cambiaron ya en los años 20, pero fue durante la coyuntura republicana cuando se produjo lo que yo llamo evolución sindicalista, un proceso de modernización organizativa, de radicalización reivindicativa y de clase, que empezó en las bases militantes y que supuso un giro de la praxis sindical, y de formulación de un nacionalismo autónomo incluyente y obrerista. La Guerra Civil y la victoria franquista frenaron este proceso, que se reanudó en los años 60 y 70 bajo el impulso de la ELA del interior, dinámica y que abogaba por un socialismo democrático. Este giro ideológico fue por fin ratificado en el tercer congreso del sindicato que se celebró entre 1975 y 1976.

ELA nació como un sindicato único: diferente a los de izquierda y también a los católicos. ¿Continúa siendo singular?

En sus orígenes, ELA era ideológicamente más afín a los sindicatos libres que a los católicos y, sobre todo, profundamente antisocialista. Muchos de los primeros asesores de la organización eran curas y la identidad cristiana estuvo siempre presente, incluso durante la República, aunque el sindicato nunca fue confesional y esto no fue óbice para que ELA se enfrentase abiertamente al sindicalismo católico y libre. Pero lo que representaba un destacado hecho diferencial respecto a los demás sindicatos era la identidad vasquista y nacionalista de ELA. Esa identidad nacionalista, que ya en los años 30 era incluyente y abierta, sigue siendo hoy un rasgo distintivo de ELA, pese a que desde los años 70 ya no tenga la exclusiva, debido a la existencia de LAB.

¿ELA siempre ha buscado ser autónomo, independiente, incluso, del PNV?

Aunque los primeros reglamentos y estatutos garantizasen la plena autonomía, de hecho ELA era una creación del PNV y dependía del partido ideológica y políticamente. Antes de la instauración del régimen de Primo de Rivera, algunos sectores de ELA empezaron a reivindicar una mayor autonomía del sindicato y hasta propugnaron la formulación de un nacionalismo obrero alternativo al nacionalismo interclasista del partido. Pero, durante la República, ELA logró definir una identidad propia y conseguir una autonomía plena. Hay varias razones: radicalización de clase de las bases obreras del sindicato, pluralismo político dentro el movimiento nacionalista (PNV, ANV, Jagi-Jagi) y, sobre todo, vertiginoso crecimiento afiliativo. Todo cambió durante la guerra y la primera posguerra cuando el enlace entre partido y sindicato volvió a ser más estrecho. Lo que ocurrió después es consabido y creo que la independencia política sigue siendo un objetivo prioritario de la estrategia sindical de ELA.

Incidiendo en la independencia de este sindicato, ¿qué fue la Avasc, de la que ELA se separó?

La Agrupación Vasca de Acción Social Cristiana era una organización católica apoyada por destacados representantes del PNV -su director fue el mismísimo José Antonio Aguirre-, que se dedicó a impartir cursos sindicales abiertos a todos los obreros católicos. Sin embargo no era una organización nacionalista y entre sus miembros figuraban también importantes personalidades antinacionalistas. Al lado la agria polémica política que surgió en el partido se sumó pronto también una dura confrontación entre la Avasc y ELA. Los principios ideológicos conservadores de la Avasc mal se ajustaban al proceso de radicalización de ELA. Por eso, en 1934, el sindicato desautorizó la Avasc y hasta llegó a pedir su desaparición, logrando forzar el PNV a acatar esta decisión.

¿Tuvo algún temor al presentar el libro, a qué algo no pudiera gustar a los representantes actuales de la central sindical?

A diferencia de lo que se ha escrito, la historia de ELA en la República no es la historia de un sindicato moderado, de un títere en manos del PNV, de un sindicato filopatronal y sindicalmente desmovilizado. Al contrario; es la historia de un sindicato dinámico que cambia y evoluciona, de un sindicato moderno organizado por federaciones de industria, de un sindicato de clase que recurre al conflicto y que acepta combatir codo a codo con los demás obreros, de cualquier ideología sean, con vascos y no vascos. Por eso creo que la memoria de su historia les ha podido gustar.

¿Un siglo después, las condiciones laborales de los trabajadores han retrocedido?

A partir de la década de los 80, los procesos de globalización y de desindustrialización han contribuido a restar poder a los sindicatos. El neoliberalismo ha logrado conquistar la política global, incluyendo la izquierda, propagando la falsa tesis según la cual todo lo que ata al mercado, es decir todo lo que es público, el Estado social y los sindicatos, estorba el crecimiento económico. La crisis de 2008 y la actual demuestran todo lo contrario. Si hay crecimiento, este es desigual y, si hay crisis, los más afectados por los recortes públicos y por el ataque sistemático a los sindicatos son los trabajadores. La historia del siglo pasado nos enseña que el trabajador, si no se une, está abocado al fracaso. Hoy el trabajador está siempre más aislado y se está volviendo a la situación de inicio del siglo XX.

¿Qué papel cumple ELA en esta crisis económica?

Cuando hay crisis económica, cuando aumenta el paro, los sindicatos se vuelven más débiles y la reciente reforma laboral empeora esta situación. Pero, por lo que yo percibo como observador externo, ELA está demostrando que ha aprendido de su historia. Sigue siendo un sindicato sólido, capaz de enfrentarse al conflicto y, además, su independencia de cualquier influencia externa es una garantía para los trabajadores vascos. Sea cual sea el color político del gobierno de la CAV, ELA no tendrá problemas en plantarle cara.

¿ELA estará cada vez más cerca de LAB? ¿Podrían hacer un frente común en un futuro?

Los dos sindicatos vascos ya colaboran activamente. Existe un vasto terreno de acción común. Ambos comparten una aspiración común: la defensa de un marco laboral vasco. Pero una fusión la veo más difícil porque en el ámbito estrictamente laboral ELA es muy intransigente y no acepta condicionamientos políticos.

¿Cómo vivió Italia el fin de la violencia de ETA?

En la prensa la noticia tuvo un eco menor respecto a lo que en realidad se podría suponer. Creo que ya se pueda abrir un debate sin apriorismos entre los ciudadanos vascos sobre la cuestión nacional, sobre la autonomía y la independencia. Por cierto, la grave crisis política y económica por la que pasa el conjunto del Estado español no facilita en esta fase el debate, en cuanto existe el riesgo de confundir justas reivindicaciones con egoísmos nacionales.

¿Le gustaría escribir 'ELA durante la Tercera República'?

¡Claro que sí! ¡Soy republicano! Me gustan los tricolores y una pizca de morado en la bandera de España no estaría mal. Pero, me parece muy difícil que un día yo pueda escribir el libro que me propone, a no ser que esta que usted llama Tercera República sea la República vasca.