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¿Cuál es el rol de la negociación colectiva en los proyectos sindicales?

16/10/2017
En los sindicalismos que hemos estudiado hay proyectos en los que la negociación colectiva era un instrumento al servicio de la estrategia. Los sindicatos, a través de fuertes movilizaciones, lograron estar verdaderamente en el centro de la vida social, ciertamente en un contexto económico muy diferente, en los años de crecimiento, durante la Guerra Fría, en la que se oponían dos modelos de sociedad, y sobre bases de carácter muy obrero, relativamente cohesionadas.

Adelheid Hege, conferencia de la investigadora alemana del l'IRES y del CRIMT en el seminario internacional "Globalización, trabajo y poder sindical"

Había una visión más amplia sobre el sindicalismo: la socialización sindical y la socialización política iban de la mano. Por tanto, el contexto era muy diferente.

A partir de los años 80 y 90 se produce un periodo de reflujo de la adhesión sindical; los sindicatos pierden afiliación. Por el contrario, se observa que sus instituciones y la negociación colectiva tienen resiliencia. La negociación debe responder a nuevos retos, debe diversificarse, para negociar en los ámbitos institucionales empleo y salario; aparecen también las condiciones de trabajo y la jornada.

Y sobre todo hay un fenómeno muy seguido por los investigadores sociales: los pactos sociales, en los que sindicalistas se reúnen con representantes del estado y de la patronal para llegar a acuerdos, en especial sobre protección social. Es un rol más técnico. La negociación parece legitimar a los actores para implantar el diálogo social; conceptos como este y el de interlocutores sociales se imponen en Europa, aunque resultan desconocidos para sindicalismos como el británico y el alemán.

Lo más extraño es que ni por parte de los sindicatos, ni por la de los investigadores hay debate sobre esta mutación del rol de negociación colectiva y de las instituciones más en general en los proyectos sindicales

Es interesante también que, ni los sindicalistas, ni los investigadores que estudian esta evolución se interrogan sobre el resultado de este tipo de pactos sociales. Es como si el hecho de que los agentes sociales vayan cogiendo visibilidad social tiene más importancia que los resultados efectivos de esta concertación. Es cuando la negociación colectiva se debilita, se convierte más defensiva. Es muy difícil para los sindicatos resistir (tienen que hacer concesiones: empleo, salario...). Con frecuencia, los pactos sociales suponen el punto de partida de recortes sociales: reformas de las pensiones...

Si queremos analizar el estado de la cuestión actual, en los años 2000 nos encontramos en una fase de marginalización de los sindicatos europeos, tanto desde el punto de vista político como sociológico y societal. Se puede citar el ejemplo de las reformas laborales en Alemania. En el pacto de la posguerra los sindicatos eran agentes muy escuchados.

¿Qué pasa con la reforma Schröder, las leyes Hartz? Cortan la ligazón que había entre los convenios colectivos y el subsidio de desempleo para los parados de larga duración. Este fue un golpe muy duro para los sindicatos alemanes, porque antes el desempleo estaba directamente vinculado a los convenios colectivos de sectores exportadores, que servían de referencia para el resto de sectores. Los salarios tenían un nivel aceptable, y a su vez también la cobertura para las personas desempleadas (se seguían percibiendo unos ingresos próximos a los del convenio).

Con las reformas de Hartz esta vinculación se corta brutalmente: para las personas desempleadas de larga duración solo hay un subsidio social. Esto es extremadamente duro a nivel material, hizo que aumentara muchísimo el número de desempleados pobres y obligaba a mucha gente a hacer pequeñas tareas para subsistir. Pero también supuso una señal más simbólica, era humillante para un salariado que se había constituido en torno a la cualificación. De repente, habían sido despedidos por la reestructuración de su empresa, y pasaban a la categoría de beneficiarios de la asistencia social.

Para los sindicatos, que habían estado convencidos de su fuerza institucional, queda claro que ejercían su papel cuando el estado lo quería. Podían organizar alguna movilización en la calle, pero eso no frenaba la acción legislativa del estado.

Se puede trasladar este análisis a lo que ocurre en Francia con las ordenanzas y la reforma laboral de Macron; los sindicatos entran al juego pero son instrumentalizados en un ejercicio que debilita de hecho los derechos de la clase trabajadora.

Los sindicatos son marginados. Se observa ese deslizamiento de un poder normativo más fuerte del estado, también en las relaciones laborales. De hecho, el estado hace aquello que los sindicatos ya no pueden: ha regulado un salario mínimo porque veía que, especialmente en los servicios poco cualificados, los salarios -ya fueran negociados por sindicatos o no- eran muy bajos.

En algunos países el estado interviene para poner orden en las reglas de la representatividad: es la ley la que define quién tiene legitimidad para negociar y cuáles son los sindicatos minoritarios, según diversas fórmulas.

Por tanto, estamos ante la paradoja de que la solidez institucional es grande pero los sindicatos están al margen de los debates sociales. Por ejemplo, en Alemania con el asunto de la inmigración; la sociedad civil adoptó un papel importante cuando llegaron las grandes oleadas; la patronal se interesaba por la evolución que podía haber en dos generaciones; los sindicatos estaban missing. Ni las personas que migraban, ni las que las acompañaban se dirigían a los sindicatos. Las iglesias fueron más activas.

Los sindicatos están cada vez más reducidos a espacios de negociación progresivamente más compartimentados; de hecho, contribuyen al afianzamiento del trato desigual. Se deja en manos del estado la protección mínima de cada vez más gente, y los sindicatos se quedan en sus bastiones tradicionales. En el caso de los trabajadores temporales, se ha constatado que para ellos los sindicatos e instituciones como el comité de empresa están para los trabajadores estables.

Para concluir, este recurso a lo institucional supone una trampa para los sindicatos. Es cierto que hay un contexto: globalización, transformación tecnológica, evolución del salariado... que son factores a tener en cuenta. Pero la despolitización de la acción sindical lleva a la pérdida de autonomía en beneficio de otros actores como la patronal, en su objetivo de flexibilización, o el estado en la producción de normas sociales.

Con todo, lo más extraño es que ni por parte de los sindicatos, ni por la de los investigadores hay debate sobre esta mutación del rol de negociación colectiva y de las instituciones más en general en los proyectos sindicales.