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Confebask y el abuelo de Ana Obregón

31/03/2016
Antonio García Fernández fue un pionero, un visionario en la modernización de las relaciones laborales allá en los años 50. Se jactaba de no haber despedido nunca a nadie y de que ningún trabajador había dejado su empresa por una oferta mejor. “El concepto de empresa familiar va más allá de los lazos de sangre –decía–, abarcando a las 1.000 personas de la plantilla”. Hablaba de “auténtica comunión laboral” y de “armonizar perfectamente el capital y el trabajo; en Jotsa trabajamos comunitariamente por el mejor bien de España”.

Ivan GimenezIván Giménez (este artículo ha sido publicado en Landeia)

Antonio García Fernández fue un pionero, un visionario en la modernización de las relaciones laborales allá en los años 50, sumergido en el mafioso mundo de la construcción que, aprovechando el siniestro apoyo del franquismo, edificó cientos de barrios obreros con calidades pésimas y un urbanismo delictivo. En 1957, Antonio García fundó en Madrid la constructora Jotsa, y enseguida se convirtió en estandarte del nuevo empresario amigo de sus empleados, comprensivo y paternalista. Se jactaba de no haber despedido nunca a nadie y de que ningún trabajador había dejado su empresa por una oferta mejor. “El concepto de empresa familiar va más allá de los lazos de sangre –decía–, abarcando a las 1.000 personas de la plantilla”. Hablaba de “auténtica comunión laboral” y de “armonizar perfectamente el capital y el trabajo; en Jotsa trabajamos comunitariamente por el mejor bien de España”.

De lo que se habla ahora es de “una tercera vía” (documento oficial de Confebask) alternativa a la negociación colectiva y que se basa en “la interlocución directa con las personas”

En los años 60, organizaba fiestas y banquetes para sus empleados, y fue de los primeros que teorizó el “todos somos empresa”. Antonio García ponía así en práctica los principios del Opus Dei (organización de la que era supernumerario) y, de paso, proporcionaba al franquismo un barniz familiar y comprensivo; muy orgánico, nada represivo. Todos en el mismo barco. Por algo Franco le otorgó en 1967 la Medalla al Mérito en el Trabajo.

No viene mucho al caso, pero Antonio García fundó Jotsa gracias a su suegro, Juan Obregón Toledo (sus iniciales dieron nombre a la empresa, de hecho), acaudalado socio capitalista y, con permiso, abuelo de Ana Obregón.

¿Nueva cultura de empresa?

El concepto de empresa que Confebask vende hoy como “un proyecto compartido” para el Opus de los años 60 era “un grupo de hombres reunidos por un lazo orgánico al servicio de una causa común”

Por aquí cerca, Confebask y, en particular Adegi, la patronal guipuzcoana, llevan un tiempo promocionando una pomposa Nueva Cultura de Empresa, explicada en decenas de power points, informes y gráficos de excel; todo muy pulcro y científico. También promueven esa “nueva cultura organizacional” otros gurús superventas que se hicieron célebres resucitando moribundas cooperativas.

En todo caso, de lo que se habla ahora es de “una tercera vía” (documento oficial de Confebask) alternativa a la negociación colectiva y que se basa en “la interlocución directa con las personas”. El objetivo: que el proyecto empresarial (más competitividad, más beneficios) se convierta en algo “compartido” por los trabajadores/as, “superando el bloqueo de las relaciones laborales”.

En otras palabras, dichas por los mismos: “Ya no es posible plantear la empresa como un ámbito de confrontación entre trabajadores y empresarios; ni el derecho laboral como una regulación sólo protectora de los trabajadores y sus derechos; ni la negociación colectiva sólo para mejorar las condiciones de trabajo; ni el puesto de trabajo como algo estable...”. Y en ese viaje les acompaña, ahora, el Gobierno de Urkullu...

Sin intermediarios”

En otras palabras –las nuestras–: que nada ni nadie se interponga entre el asalariado (que para sobrevivir sólo cuenta con su fuerza de trabajo) y la dirección de la empresa. Que las condiciones laborales se diriman en un uno contra uno entre Mike Thyson y Carpanta, con el árbitro a favor del peso pesado... y, además, habrá que dar las gracias por tanta democracia y modernidad. Ni siquiera el abuelo de Anita Obregón fue tan lejos.

El concepto de empresa que Confebask vende hoy como “un proyecto compartido” para el Opus de los años 60 era “un grupo de hombres reunidos por un lazo orgánico al servicio de una causa común” (con estas premisas se reorganizó entonces el Banco Popular).

Por tanto, la Nueva Cultura de Empresa no es ni Nueva, ni Cultura. Es tan vieja como el abuelo de la Obregón y, seguramente, tiene su misma base cultural: la de la explotación, camuflada de colaboración. Pero, en este caso, con excel y power point en lugar de aguinaldos y guateques para los trabajadores.

Y lo peor: quizá tampoco es Empresa, porque... ¿alguien recuerda cómo acabó Jotsa, esa joya de la corona del desarrollismo franquista? En junio de 1999, los García Obregón vendieron la empresa a una firma alemana, justo unas semanas antes de que se hiciera público el agujero de 6.000 millones de pesetas que provocó la quiebra de la histórica Jotsa, dejando en la calle a 470 trabajadores. En la prensa de entonces se puede leer cómo se lamentaban algunos empleados veteranos: “Antiguamente, con los García Obregón, esto no pasaba; si tenías un problema ibas a su despacho y don Antonio te ayudaba”. Los mismos perros, distintos despachos.