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Christian Dufour: "El sindicalismo debe salir a buscar a la clase obrera, tal y como es"

18/10/2017
Christian Dufour, sociólogo e investigador del IRES y CRIMT, reflexiona sobre la reconfiguración de la relación entre sindicatos y partidos políticos.

Christian Dufour, investigador francés del IRES y del CRIMT

En Europa, la relación entre sindicatos y partidos políticos ha sido históricamente muy estrecha. Durante las dos o tres últimas décadas, poco a poco se ha dado una ruptura entre estos dos actores.

Tradicionalmente, la relación entre sindicatos y partidos se ha configurado en torno a tres corrientes: la comunista, la socialdemócrata y la cristianodemócrata.

Nadie habla de la ruptura entre sindicatos y partidos políticos, parece un tabú.

Es sorprendente observar que no hay trabajos sociológicos que estudien esta separación. Nadie habla de ello, parece un tabú. Como sociólogos nos interesa saber qué es lo que ha pasado con estos actores que no olvidemos, han sido movimientos históricos muy profundos.

Desde una perspectiva coyuntural, la ruptura está ligada a la evolución del mundo político.

A la hora de interpretar este fenómeno de ruptura se pueden observar dos líneas. En primer lugar, desde una perspectiva coyuntural, observamos que esta ruptura está ligada a la evolución del mundo político. El caso de la Unión Sobiética es un ejemplo evidente: a partir de la caída de la URSS en 1989, las relaciones existentes entre partidos comunistas europeos y los sindicatos que habían sido próximos a éstos quedaron fuertemente modificadas.

En el caso de la socialdemocracia, en Gran Bretaña, cabe remarcar lo que pasó entre los sindicatos y las políticas de Blair: los sindicatos fueron prisioneros de su propia posición interna dentro del partido laborista, lo cual prácticamente les obligó a dar apoyo a políticas con las que no estaban de acuerdo. Hoy en día todavía tienen dificultades para salir de esa situación.

En los años 80 empezamos a estudiar el caso alemán. En esa época era muy habitual que el responsable de federación fuera a la vez diputado del SPD (Partido Socialdemócrata). Incluso el presidente de DGB (Federación Alemana de Sindicatos) podía ser diputado del partido. Estos lazos que eran verdaderamente fuertes se han debilitado y diluido, en gran medida, en la propia gestión política del SPD. Una vez el partido está en el poder, los sindicatos se dan cuenta de que la política les está llavando a la crisis.

Dentro de la corriente democristiana se han visto procesos similares en Bélgica e Italia.

Desde una perspectiva estructural, con esta ruptura los sindicatos quieren ganar mayor autonomía

Pero más allá de esta visión coyuntural del distanciamiento entre sindicatos y partidos, podemos hacer una lectura estructural del fenómeno. Desde esta perspectiva, se trata de entender qué es lo que quieren sacar de esta ruptura los sindicatos. Quieren lograr una mayor autonomía. El caso más claro es el de los sindicatos de tradición cristianodemócratas, que fueron los primeros en decirse: “no, no podemos continuar manteniendo esta relación con la iglesia si realmente queremos ganar en autonomía” .

Este proceso de búsqueda de autonomía se ha visto también en el movimiento comunista y el socialdemócrata. Todo esto tiene repercusión en el panorama sindical internacional, ya que estas tres tendencias ideológicas se agrupan entorno a tres confederaciones mundiales.

La despolitización ha llevado al sindicalismo a asumir una concepción restringida de la clase trabajadora

Lo interesante es valorar si el proceso de despolitización ha llevado a los sindicatos, o no, a estar más cerca de los trabajadores y trabajadoras. Desde un primer punto de vista podríamos decir que sí, que finalmente los sindicatos tienen una mayor autonomía y que por tanto, pueden ocuparse más directamente de la gestión de la relación salarial, la negociación colectiva... Sin embargo, se puede observar un resultado menos favorable: cuando los sindicatos se especializan en esta función, todo lo que concierne a la vida de la clase trabajadora y que no está directamente ligado al mundo del trabajo, queda fuera.

Esta concepción que los sindicatos han asumido sobre la clase trabajadora deja fuera a todos los demás asalariados que no están empleados. Es decir, la despolitización ha llevado al sindicalismo a asumir una concepción restringida de la clase trabajadora: mujeres, personas inmigradas, los jóvenes, los precarios... quedan fuera del campo, y la lista es cada vez más larga.

Esto sucede en gran medida porque los sindicatos no se consideran a sí mimos actores globales de la sociedad salarial y se ven como actores centrados únicamente en aspectos técnicos del asalariado. Al fin y al cabo, los sindicatos entienden que el estatus de trabajador comienza en el momento de firmar un contrato de trabajo, cuando la historia del mundo obrero muestra que no es así: el asalariado existe antes de firmar un contrato y después de haber perdido su contrato de trabajo.

Se trata, por tanto, de valorar qué rol se dan los sindicatos a sí mismos en la sociedad. Si ven al asalariado como un todo social o no. En el mundo obrero, durante mucho tiempo, ha habido una especialización de tareas: por un lado los sindicatos se ocupaban de la clase trabajadora y por otro, los partidos políticos de la sociedad más globalmente, y de la gestión puntual del poder político. Pero poco a poco se ha llegado a una situación en la cual los sindicatos han reducido su zona de intervención.

El sindicalismo organiza la voz de la clase trabajadora en la sociedad. Siendo la voz del grupo, crea un espacio social.

¿Qué espacio social de referencia social somos en tanto que sindicato? Un sindicato es efectivamente un instrumento para la defensa de los asalariados, allí donde estén. Pero el sindicalismo también organiza la voz de la clase trabajadora en la sociedad. Siendo la voz del grupo, crea un espacio social. Se ocupa de esto y lo otro, dice esto y lo otro, pide ser escuchado, respetado, se organiza para ser esto o lo otro. Mientras existía el vínculo con los partidos políticos, los sindicatos se daban a ellos mismos un espacio social de referencia, se consideraban actores globales de la sociedad, como emisores globales sobre toda cuestión social. Nada se les prohibía.

El sindicalismo tiene que cambiar de posicionamiento, porque el hoy en día no asume las funciones principales que le corresponden. A priori, no hay límites en el espacio de intervención

Con esta lectura tan limitada de lo que es la clase asalariada, el sindicalismo se encuentra con dificultades. Tiene que cambiar de posicionamiento, porque el problema real es que hoy en día no asume las funciones principales que le corresponden. Son los sindicatos quienes tienen que reflexionar sobre cual es la concepción que hacen del asalariado. Porque a priori, no hay límites en el espacio de intervención, ni en el espacio social en el cual puede intervenir o son susceptibles de querer ser un referente. Insisto en ese “querer ser”, porque la cuestión es saber de qué es capaz el sindicalismo.

El sindicalismo debe salir a buscar al asalariado, tal y como es: una única clase trabajadora diversificada dentro y fuera de las empresas

Cuando Marx define el capital y el asalariado, dice que no son materia, que son relaciones sociales. El sindicalismo tiene que responderse a esta pregunta: ¿cuál es el espacio social que los sindicatos se dan a sí mismos para atender de forma global a un asalariado? Un asalariado que nace y vive fuera de las empresas, un asalariado que está mucho más diversificado que la clase trabajadora que ya se encuentra dentro de las empresas. Se trata en cuestión, de una repolitización del sindicalismo. El sindicalismo debe salir a buscar al asalariado, tal y como es: una única clase trabajadora diversificada dentro y fuera de las empresas, y que tiene intereses más allá del mundo estricto del trabajo.

En el caso de los delegados sociales de Quebec, hemos visto que su fuerza no proviene tanto de la capacidad que tienen de negociar un convenio, sino que viene de la capacidad que tienen de atender los problemas reales allí donde los haya. A partir de ahí se pueden hacer cosas. También se pueden hacer cosas si no nos limitamos a estar en los centros de trabajo.

Los sindicatos tienen que redefinirse a sí mismos. Tienen que redefinirse en los espacios sociales de referencia, como actores capaces de decir qué es deseable, teniendo en cuenta lo que son capaces de hacer.