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Bandera roja a la precariedad

12/11/2018
La lucha de las y los socorristas de Gipuzkoa ha sido uno de los conflictos más destacados del verano. Éste es el reportaje que se puede leer en Landeia sobre el tema.

Maddi AspiazuEsta entrevista ha sido publicada en el número 230 de Landeia

El colectivo de socorristas de las playas de Gipuzkoa, contratados por la Cruz Roja, necesitó tres días de paro, la convocatoria de huelga indefinida a partir del 15 de agosto y muchas dosis de unión y solidaridad para conseguir un convenio que dignifica de manera considerable sus precarias condiciones laborales. Maddi Aspiazu y la gente de ELA Zerbitzuak en Gipuzkoa, que han estado meses organizando a este colectivo de jóvenes y negociando con la subcontrata, realizan la lectura de un conflicto complicado por las fechas y por los agentes implicados: “Una única empresa subcontratada, la Cruz Roja, titular de la contrata de salvamento en las playas de toda Gipuzkoa, pero 8 ayuntamientos contratistas y 8 pliegos de condiciones. Un rompecabezas que ha habido que ir encajando a contra-reloj con un resultado muy positivo y alguna sombra”.

Antes vivían en la incertidumbre de si les llamarían de una temporada para otra, y de hacerlo, en qué playa estarían

- ¿Qué valoración haces del acuerdo?

- Después de la convocatoria de huelga indefinida con inicio el 15 de agosto, la Cruz Roja presentó una propuesta avalada por los Ayuntamientos implicados en el conflicto –Zarautz, Donostia, Deba, Orio, Zumaia, Hondarribia, Mutriku, Getaria– que recogía una subida salarial de 200 euros mensuales el primer año y de 400 euros mensuales a partir del segundo, lo que supone un incremento del 16% y 33%, respectivamente. Además, lo Ayuntamientos se comprometen a recoger en pliegos la subrogación de las plantillas; la Cruz Roja convertirá todos los contratos actuales en fijos discontinuos a partir de junio de 2018. Además, se reconoce la antigüedad a partir de la cuarta temporada, con un plus de 118 euros mensuales, y se abonará un incremento del 15% del salario por trabajar en domingos y festivos. El sector ha ganador en estabilidad y en condiciones; es un acuerdo positivo. Antes vivían en la incertidumbre de si les llamarían de una temporada para otra, y de hacerlo, en qué playa estarían.

- Estamos ante un colectivo que es un claro ejemplo de la precariedad que sufren las personas jóvenes.

Hemos movilizado un sector que era invisible y se ha visibilizado su precariedad. Destacamos también la solidaridad entre las playas, que ha sido muy alta

- Sin duda. Ha sido una lucha emblemática: un servicio público que se subcontrata por parte de la Administración Pública precarizando las condiciones laborales, en este caso, a gente muy joven. Jóvenes que tenían un salario bruto de 8,5 euros la hora y realizaban largas jornadas sin descanso. Hacemos una valoración positiva de esta lucha realizada por personas muy jóvenes, la mayoría sin ningún tipo de experiencia sindical. Es muy meritoria la capacidad de organizarse que han demostrado, teniendo en cuenta, además, que es un trabajo temporal de unos pocos meses. Una lucha que, independientemente de los contenidos del acuerdo, nos hace ser optimistas cara al futuro.

- Convocar una huelga indefinida en agosto no es muy habitual. ¿Cómo se llegó a esa situación?

-Este proceso comenzó en agosto de 2017. Un grupo de socorristas se acercó al sindicato, nos contaron cuál era su realidad laboral y nos pidieron ayuda. En invierno nos reunimos en varias ocasiones con la Cruz Roja para intentar regularizar la situación del colectivo, pero se cerraron en banda. Con el inicio de la temporada de playas y ante la falta de avances en las negociaciones, en julio les comunicamos que si no había acuerdo iríamos a la huelga. Para nuestra sorpresa, cuando presentamos los preavisos de huelga en los 8 ayuntamientos afectados, nos encontramos con que la Cruz Roja no les había trasladado que el sector se estaba moviendo.

Es una gente que ha visto que si se organizan y luchan se consiguen cosas; que colectivamente somos más fuertes. Han visto de primera mano que el sindicato es una herramienta útil para luchar contra la precariedad

Contactamos con los ayuntamientos y comprobamos cómo algunos pliegos tenían margen para recoger nuestras reivindicaciones –caso de Zumaia, por ejemplo– pero otros estaban muy ajustados –Donostia–, prueba de la política de subcontratación a la baja de las administraciones. Planteamos el conflicto a nivel de Gipuzkoa porque entendíamos que todos deben tener las mismas condiciones, independientemente de la playa, y porque la empresa adjudicataria es una, la Cruz Roja.

Al mismo tiempo, ya a finales de la temporada pasada, los socorristas empezaron a conocerse y ponerse en contacto entre las playas con la idea de ir a la pelea este año. Se llega a la huelga los días 29, 30 y 31 de julio y al no haber respuesta positiva convocamos la huelga indefinida. Con la huelga indefinida sobre la mesa y el apoyo social, los ayuntamientos empiezan a moverse y modificar los pliegos, hasta que finalmente la Cruz Roja hace una propuesta que los socorristas aceptan.

- Has dicho que ha sido un buen convenio, pero no el ideal para ELA.

- Al margen de los contenidos logrados, nuestro objetivo era que el convenio de aplicación fuera el provincial de Polideportivos de Gipuzkoa, no el de la Cruz Roja. Y no ha podido ser. Habrá que seguir trabajando para conseguirlo en el futuro. A raíz de que el Gobierno Vasco decretara unos servicios mínimos para la huelga indefinida del 80%, los socorristas de Zarautz decidieron no secundar la huelga e iniciar su propio camino. Eso trastocó nuestra estrategia y nos debilitó, al tratase de la segunda playa más importante. La reacción del ayuntamiento de Zarauz fue aceptar la mayoría de nuestras reivindicaciones, y con él, el resto de los ayuntamientos, por lo que Cruz Roja nos presentó una oferta de convenio en la línea de nuestras reivindicaciones que los socorristas aceptaron en asamblea.

- ¿Lo más positivo de esta lucha sindical?

- Que hemos movilizado un sector que era invisible y se ha visibilizado su precariedad. Destacamos también la solidaridad entre las playas, que ha sido muy alta.

- ¿Lo negativo?

- Más que negativo, cosas a mejorar... Al ser un sector no organizado sindicalmente hasta ahora ha faltado experiencia a la hora de gestionar situaciones; nos ha faltado, también, organización. Las fechas tampoco han ayudado. En agosto los ayuntamientos están a medio gas y encontrar interlocución ha sido complicado. Asimismo, es un conflicto que ha ido a contra-reloj; la temporada dura cuatro meses y el tiempo de incidir es corto. Teníamos cuatro meses para llegar a un acuerdo, con 8 ayuntamientos de por medio. Cuando analizamos todas estas dificultades valoramos más lo conseguido.

- El colectivo de socorristas es gente joven. También habéis sembrado sindicalmente el futuro.

- Sin duda. Es una gente que ha visto que si se organizan y luchan se consiguen cosas; que colectivamente somos más fuertes. Han visto de primer mano que el sindicato es una herramienta útil para luchar contra la precariedad, y que ELA es un sindicalismo de calle –en este caso, playa– que consigue incidir y mejorar la condiciones de la gente. Estoy segura que sus experiencias laborales futuras serán diferentes tras este conflicto.

- ¿Qué valoración haces del papel jugado por el resto de actores: Cruz Roja, ayuntamientos y Gobierno Vasco?

- La Cruz Roja se supone que es una empresa de economía social, que se mueve en base a principios diferentes del máximo beneficio económico, pero la realidad con la que nos hemos encontrado es que durante meses se ha cerrado a ningún tipo de negociación y que, incluso, no trasladó a los ayuntamientos responsables del servicio que se podían encontrar con un conflicto en plena temporada de playas. Los ayuntamientos licitando este servicio público muy a la baja condenan a la precariedad a quienes trabajan en el mismo. Y hasta que tienen un conflicto o presión social no se mueven. Y el Gobierno Vasco, para no variar, intenta invisibilizar las huelgas con servicios mínimos abusivos.