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Apología de la huelga general

15/04/2013
"Todo lo que consideramos bueno, es decir, útil para conservar nuestro ser y nuestra vida racional, podemos tomarlo para nuestro uso y usarlo de todas las maneras" Espinoza. / Tomando como base el pensamiento de Espinoza, yo digo que la huelga general sigue siendo nuestro más potente recurso narrativo como movimiento sindical y como movimiento social. Y lo digo por ocho razones.

Xabi_AnzaXabi Anza, responsable de formación de ELA

La huelga general es una experiencia singular de subjetivación. ELA y LAB tenemos que hacer 3000 asambleas por lo menos para que haya huelga real en Euskal Herria los días de huelga. Esas 3000 asambleas hay que prepararlas, hay que hacerlas, hay que convencer, hay que ganarlas... Habrá buenas experiencias de subjetivación en muchos ámbitos, pero esta es muy buena. Primera razón para la huelga general.

La huelga general es un test organizativo de primer orden. Un test organizativo singular sobre la capacidad de tracción real de los militantes de una organización en un momento dado. La foto organizativa que da una huelga general a un sindicato no tiene ni punto de comparación con ninguna otra acción, y te da todos tus puntos negros en los que tienes que incidir en tu práctica sindical.

La huelga es afirmar la primacía de lo político. Es decir por un día que se interrumpe la delegación cutrianual que hacemos a los responsables políticos para que gestionen el bien común. La huelga es tomar las riendas sobre las cuestiones del bien común. Y no de cualquier manera.

Porque la huelga es una lucha contra la privatización de la política, y contra la especialización de la política, en al que el vulgo, la clase trabajadora, el proletario ignorante le dice a la política "por aquí no" y "¡ ya basta!".

La huelga es una gran desmovilizació frente a la aceleración productivista, la aceleración consumista, la aceleración estractivista del capitalismo, y es una reconciliación, si quiera fugaz,  con lo mejor de la condición humana, con el parar, con el relajarse, con la separación del mundo productivo.

La huelga no es un programa. La huelga no es una utopía, en eso tienen razón los críticos, porque la huelga es un mito sentido, y es una coreografía de otro mundo posible.

La huelga abole la separación entre el estado tecnocrático y la sociedad civil, y pone en evidencia lo ilusorio de muchas luchas partidarias que acontecen en el ámbito institucional para acabar aplicando las mismas políticas neoliberales gobierne quien gobierne. En ese sentido es un ejercicio de denuncia.

La huelga es por último antidisciplina. Es decir al menos por un día NO a la ética del trabajo, es decir NO al menos por un día a esa relación de subordinación, de dominación que es la relación salarial que el trabajador se ve obilgado a hacer por necesidad.

Por eso yo sigo creyendo que la huelga general sigue siendo nuestro más potente recurso narrativo, digan lo que digan los teóricos de los nuevos repertorios de acción.