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Anticapitalismo y crisis ecológica

22/05/2012
Esther Vivas / La humanidad se enfrenta a una crisis ecológica global, cuya manifestación más evidente es el cambio climático. Nos encontramos ante una verdadera crisis de civilización en la que se unen una crisis económica y social y una crisis ecológica, energética y alimentaria. De este modo, se pone de manifiesto que el capitalismo no sólo no puede satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad sino que amenaza a su propia supervivencia y al equilibrio de la naturaleza.

Del librito Soberanía Alimentaria

La crisis ecológica no puede separarse del sistema económico y social que la ha generado. Por ello, combatir la crisis ecológica, y salvar el clima, requiere de la adopción de políticas que toquen al corazón del actual modelo de producción, distribución y consumo capitalista, y no meros retoques cosméticos. En este sentido, la crisis ecológica y el cambio climático plantean la necesidad de unir el combate por la justicia climática y por la justicia social, y de huir de las falacias del capitalismo verde y del barniz ecológico a las políticas social-liberales.

El capitalismo verde se apunta a la carrera del cambio climático, aportando una serie de soluciones tecnológicas (energía nuclear, captación de carbono de la atmósfera para su almacenamiento, agrocombustibles, etc.) que generarán mayores impactos sociales y medioambientales. Se trata de soluciones falsas que intentan esconder las causas estructurales que nos han conducido a la situación actual de crisis y que buscan hacer negocio con la misma.

El capitalismo no puede solventar una crisis ecológica global que él mismo ha creado. Su propia lógica, basada en la búsqueda del máximo beneficio y en la necesidad permanente de expandirse, topa con el equilibrio de la naturaleza. El beneficio a corto plazo y el tacticismo electoral, propios del capital y de la política gestionaria, choca con la perspectiva a largo plazo de la defensa de la humanidad, la vida, y el equilibrio de la naturaleza. Ambas lógicas marcan destinos alternativos para la humanidad.

Anticapitalismo y justicia ecológica y climática aparecen entonces directamente entrelazados. Cualquier combate contra el actual modelo económico que no tenga en cuenta la centralidad de la crisis ecológica está estratégicamente desorientado. Y toda perspectiva ecologista desprovista de una orientación anticapitalista está condenada al fracaso, a servir de coartada de políticas de lavado de imagen, a quedarse en la superficie del problema y puede acabar siendo un instrumento al servicio del marketing verde.

Establecer alianzas entre sindicalismo y ecologismo aparece como una cuestión estratégica central. Los sindicatos tienen el reto de integrar en su actividad cotidiana, su perspectiva general y su visión del mundo la dimensión ecologista. Y, al revés, el movimiento ecologista tiene que integrar la defensa de la justicia social y de los derechos sociolaborales en su horizonte de trabajo.

Un sindicalismo centrado sólo en la defensa de puestos de trabajo sin perspectiva ecologista no es la solución. Ni tampoco un ecologismo sin dimensión social. La posibilidad de generar, por ejemplo, un movimiento contra el cambio climático con una base social fuerte y con un objetivo simultáneo de justicia social y climática depende, en gran medida, de una buena articulación entre sindicatos y movimiento ecologista.

El diálogo entre sindicalismo y ecologismo, sin embargo, tiene que partir desde una firme voluntad de atajar la crisis ecológica y social desde la raíz, enfrentándose al núcleo duro del modelo económico y social actual. Ni el marketing verde ni el ecologismo de mercado pueden parar la degradación ecológica y el cambio climático, así como la concertación y la desmovilización frente a los recortes y los ataques patronales no pueden parar la erosión de los derechos y las conquistas sociales. Cambiar el sistema, cambiar el mundo de base, y defender “otro mundo posible” debe ser, sin duda, un horizonte común.