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Amarillos, verdes: la misma rabia

18/12/2018
Quienes sufren los «finales de mes» y quienes temen el «fin del mundo» son igualmente «víctimas de este sistema que despluma a las personas más pobres para dar a las más ricas mientras saquea el planeta», explica el autor de este artículo, que propone una tasa sobre el carbono que permita financiar la transición energética y la justicia social y llama a las movilizaciones del 8 de diciembre.

Txetx Etcheverry, publicado en Reporterre

El gobierno querría dividir o asistir al enfrentamiento de la gente “fin de mes” y la del “fin del mundo”, que luchan contra su política.

No caeremos en esa trampa por dos buenas razones:

- Somos “simultáneamente” unos y otras. Somos víctimas de este sistema que despoja a las personas más pobres para dar a las más ricas mientras saquea el planeta y las propias condiciones que posibilitan nuestra vida a medio plazo.

- Además, vemos que este gobierno no aporta ninguna solución real ni a nuestros problemas individuales de fin de mes ni a nuestro problema colectivo del fin del mundo. El desempleo masivo sigue ahí, las desigualdades sociales estallan y “al mismo tiempo” la biodiversidad se reduce y las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el trastorno climático han aumentado en 2017 en un 3,2% ¡en el país de la COP21.

Somos “simultáneamente” unos y otras. Somos víctimas de este sistema que despoja a las personas más pobres para dar a las más ricas mientras saquea el planeta y las propias condiciones que posibilitan nuestra vida a medio plazo. Además, vemos que este gobierno no aporta ninguna solución real ni a nuestros problemas individuales de fin de mes ni a nuestro problema colectivo del fin del mundo.

En resumen, se pronuncian muchos bonitos discursos, tanto sobre el clima como sobre el poder adquisitivo, tanto contra el desempleo como contra los gases de efecto invernadero. Pero no son más que palabras. Los actos, las políticas concretas, son con demasiada frecuencia justo lo contrario de las bonitas intenciones que se manifiestan.

¡Y estamos hartos de esto! No soportamos más esa sensación de que se ríen de nosotros, y que en lugar de servir al interés general el poder público lo sacrifica en beneficio de una minoría ya demasiado rica, demasiado poderosa y con comportamientos social y ecológicamente devastadores.

Decenios de políticas neoliberales han degradado mucho nuestras sociedades, llegando a amenazar seriamente la democracia y la convivencia, erosionando nuestras libertades, la igualdad y la fraternidad. Al mismo tiempo el capitalismo y la religión del crecimiento a todo precio han hecho que se desestabilice las condiciones que posibilitan nuestra vida sobre la tierra, por la peligrosa perturbación de la biodiversidad, los grandes equilibrios ecológicos y del propio clima. Decenas de millares de científicos y científicas nos alertan de ello: nos quedan muy pocos años para actuar, a fondo, si queremos evitar lo peor para nuestra descendencia.

Propuestas planteadas desde hace casi diez años

Sufrimos los mismos males, aunque no siempre demandemos las mismas soluciones. Sufrimos la caída de nuestro poder adquisitivo, la injusticia social y fiscal, la exclusión y el desempleo, el desmantelamiento de los servicios públicos o de los trenes nocturnos, nuestra dependencia del coche individual, la degradación de nuestro medio ambiente, la contaminación de nuestro aire y alimentos, la desestabilización del clima.

La moratoria del aumento de la tasa carbono (...) es socialmente injusta y ecológicamente ineficaz. Injusta desde el punto de vista social porque tras la supresión del impuesto sobre las fortunas y los múltiples regalos fiscales que se han hecho a la gente más rica era inaceptable para las personas más pobres que se les exigieran más impuestos y sacrificios.

Cuando el primer ministro ha anunciado una moratoria sobre el aumento de la tasa carbono, tenemos que decir en primer lugar que los chalecos amarillos y numerosos-as militantes climáticos estábamos de acuerdo en considerarla como socialmente injusta y ecológicamente ineficaz. Injusta desde el punto de vista social porque tras la supresión del impuesto sobre las fortunas y los múltiples regalos fiscales que se han hecho a la gente más rica era inaceptable para las personas más pobres que se les exigieran más impuestos y sacrificios. También ineficaz en cuanto a la vertiente ecológica porque sus ingresos, lejos de dedicarse integralmente a la transición ecológica, financiaban el presupuesto general, esto es, vía CICE1, también a las empresas contaminantes. La moratoria anunciada debe ser la oportunidad para hacer una revisión total de la fiscalidad en Francia para lograr cuanto antes —es urgente— una reforma fiscal global con dos objetivos fundamentales: la justicia social y la transición ecológica. Nuestras movilizaciones deben seguir hasta ganar este punto esencial.

Cómo concebir en el marco de esa reforma fiscal global una tasa sobre el carbono que permita una transición masiva, justa y solidaria hacia otro sistema, más sostenible. Estas son las propuestas que ha planteado, para intentar avanzar en el debate y la reflexión común con toda la gente que lucha en este momento, el movimiento “urgencia climática y justicia social” Bizi.

Pero ya que se deben dejar sin explotar tres cuartos de las reservas de energía fósil (petróleo, gas, carbón) actualmente conocidas si se quiere evitar que el clima se vuelva loco, sigue planteándose la cuestión de cómo limitar al máximo el consumo de estas energías. Esto es, cómo concebir en el marco de esa reforma fiscal global una tasa sobre el carbono que permita una transición masiva, justa y solidaria hacia otro sistema, más sostenible. Estas son las propuestas que ha planteado, para intentar avanzar en el debate y la reflexión común con toda la gente que lucha en este momento, el movimiento “urgencia climática y justicia social” Bizi.

Queremos una tasa sobre el carbono que se aplique, sin excepción alguna (keroseno, plantas industriales sometidas al mercado europeo de carbono, etc.), a todos los combustibles, medios de calefacción, y las diferentes producciones provenientes de las energías fósiles. La tasa será ambiciosa, lo que permitirá obtener ingresos cada vez más importantes que servirán en su integridad para financiar dos grandes cuestiones:

- la transición energética, mediante el aislamiento de viviendas, cambio de los sistemas de calefacción, reordenamiento del territorio, desarrollo de transportes públicos de proximidad en ciudades y campo, teletrabajo, infraestructuras ciclables y una indemnización kilométrica obligatoria para la bici, transporte ferroviario, marítimo y fluvial reconversión de la agricultura industrial, desarrollo de energías renovables; todo ello creará una gran cantidad de empleos y será positivo para nuestro poder adquisitivo porque nos permitirá gastar menos dinero en calefacción, desplazamientos, y nos protegerá de las inevitables y grandes subidas del petróleo y el gas en los próximos años;

- la justicia social, con un fondo de solidaridad para las familias menos acomodadas o que residen en zonas provisionalmente mal cubiertas por el transporte público. Este fondo permitirá, mediante cheques, compensar el sobrecoste mensual causado a estos sectores de la población por la tasa sobre el carbono, mientras tengan acceso a verdaderas alternativas de desplazamiento, hasta que su vivienda se haya aislado y dotado de otros sistemas de calefacción... El objetivo es que la tasa sobre el carbono sea compensada para el 50% menos rico de la población y que el 20% más pobre gane incluso con la puesta en marcha de este sistema. Este fondo servirá también para contribuir a la financiación de los esfuerzos de reducción de emisiones de gas de efecto invernadero y de adaptación a las consecuencias del cambio climático en los países del Sur.

Hagamos todo lo posible para encontrarnos, movilizarnos juntos o al menos dialogar

Esta tasa sobre el carbono se integrará en una reforma global de la fiscalidad en Francia (con objeto de lograr que el 20% más rico de la población haga un esfuerzo suplementario por la transición social y ecológica. Recordemos que hay más de dos millones de millonarios en Francia) y deberá ir acompañada de un plan europeo de financiación de la transición.

El 8 de diciembre se han organizado más de 140 movilizaciones en Francia para dar la alarma de la urgencia climática, lo que no ha gustado al ministro de Interior, que se ha atrevido a solicitar su anulación. Ese día habrá con seguridad un gran número de chalecos amarillos en numerosos lugares. un grand nombre d’endroits. Hagamos todo lo posible para encontrarnos, movilizarnos juntos o al menos dialogar.

El día 8 manifestemos nuestra rabia y nuestras demandas de manera unida, decidida y no violenta. Construyamos juntos propuestas que sirvan a la vez a corto y medio plazo. Luchemos «al mismo tiempo» contra la injusticia social y la precarización de nuestra vida, y por conservar un mundo en el que puedan vivir nuestros hijos e hijas.

Sí, juntos somos una fuerza inmensa, y podemos cambiar el sistema antes de que sea demasiado tarde.

 

1Emmanuel Macron quiere convertir el crédito fiscal competitividad empleo (CICE) establecido por François Hollande en rebajas de cotizaciones sociales. El Estado debe acumular la rebaja de las cotizaciones y el reembolso del CICE de años anteriores, por una cantidad que se estima en 40.000 millones de euros.