Ajustarse a los límites físicos con criterios de justicia

2012/06/04
Este es el resumen de la ponencia de Yayo Herrero de la jornada organizada por ELA “¿Economía verde? Beneficios a costa del medio ambiente” celebrada el 5 de junio coincidiendo con el Día Internacional del Medio Ambiente.

El objetivo de la economía convencional es generar bienes y servicios para la reproducción social, pero la misma economía convencional no se pregunta qué es lo que sostiene la reproducción social. Se sostiene materialmente por dos dependencias. La primera es la dependencia de la naturaleza, de los materiales y de la energía. Somos ecodependientes. La otra dependencia es la dependencia que tenemos de otras personas que nos cuidan (crianza, vejez,discapacidad, enfermedad). Somos dependientes de un montón de horas de trabajo.

La supervivencia humana es inviable sin ese trabajo invisible, no remunerado y hecho por mujeres. En ambos campos (naturaleza y cuidados) existen límites. Tanto el capitalismo como el socialismo real desconocen estos límites. Después de décadas de funcionar aplicando este modo de producción hemos llegado a una situación de la que la economía ha declarado la guerra a las personas y a la naturaleza.

Estamos en una crisis estructural, que es ecológica y social, y que se esconde debajo de la crisis económica y financiera. La economía capitalista reduce el concepto “valor” al concepto “precio”. Es decir, solo tiene valor económico lo que tiene precio. Pero hay un montón de cosas que son indispensables y que no tienen precio.¿Cuánto vale la capa de ozono, la crianza de hijos e hijas, o una vejez que merezca la pena vivirla? A estos servicios si se les pone precio se generan nuevos negocios de los cuales unos pocos se lucran, pero no resuelven los problemas. Por ejemplo el mercado de emisiones de carbono; hay un gran negocio montado pero las emisiones no paran de crecer. También se generan negocios sin tener los recursos necesarios,se traen de otros sitios generando impactos en otros territorio, se hace negocio a costa de otros países.

La economía capitalista no es una ciencia, es una ideología que en su formulación no contempla la destrucción que va dejando atrás; es una ley que protege intereses económicos, y no precisamente con criterios de justicia y distribución. Se han roto los vínculos entre economía y las bases materiales. Es una economía virtual sin tener en cuenta que sigue anclada a los recursos naturales del planeta. Este modelo de producción significa generar beneficios sin preguntar la naturaleza de los mismos, le da igual producir alimentos que bombas. El sistema económico se parece a un iceberg. La parte más pequeña y visible sería lo que se compra y se vende, el empleo remunerado, la especulación financiera,... Y debajo, en la parte más grande que no se ve y sostiene la parte de arriba, están los trabajadores y trabajadoras explotadas, la destrucción de la naturaleza y el trabajo que permite la reproducción social, y que ya están al límite. Esa limitación ya está causando problemas.

También hay una incautación y apropiación de horas de trabajo que hacen las mujeres en la gestión cotidiana del hogar. Las mujeres generan una plusvalía en los hogares en forma de horas que luego los hombres lo dedican a los mercados. Esta economía se construye a costa de todas estas aportaciones que se realizan en el ámbito invisible.

Funcionar de esta manera ha conducido a una crisis profunda. En el campo de lo público hay una crisis de energía y materiales. Necesitamos una cantidad de energía exagerada porque funcionamos con una gran movilidad geográfica, las ciudades no generan nada que sea imprescindible para vivir (comida,agua, energía...) y esos recursos hay que traerlos a las ciudades, todo ello generando una gran cantidad de residuos. Esto es posible teniendo energía fósil barata. Sin ella, este modelo es absolutamente inviable. La humanidad, le guste o no le guste, está abocado a vivir con mucha menos energía, por tanto, obligada a transformar el modelo de producción, distribución y consumo.

La crisis ecológica tiene una dimensión de clase fundamental, porque al igual que hay una desigualdad en el accesoa la renta, también la hay en el acceso a los recursos naturales. En estos momentos nuestras economías son sistemas caníbales, se sostienen a costa de otras personas y otros territorios. Por ello es esencial plantear la justicia en términos globales. Si este modelo económico devasta cuando crece, y también cuando no crece, la solución tiene que estar en otro modelo económico. Las preguntas a responder son: ¿Qué necesidades hay que satisfacer?¿Cuáles son las producciones socialmente necesarias?, y en función de lo que hay que producir y si se puede producir, ¿cuáles son los trabajos socialmente necesarios? Porque hay trabajos socialmente innecesarios, incluso indeseables, aunque las personas que lo realicen, obviamente, son necesarias. Esa transición se debe asumircon la máxima de las garantías y conprotección social; un proceso de transicióngarantizado y justo. Pero hay que hacerlo.Hay sectores que no se van a sostener físicamente y no podrán seguir funcionando. La tecnología no nos sacará de esta situación, en esta situación el reparto del trabajo y de los recursos será una de las claves. También la distribuciónde la riqueza, porque hasta ahora lo que hemos visto ha sido una guerra entre pobres. La vía para esta transición debe ser el diálogo. Un diálogo entre ecologismo y sindicalismo será indispensable.