Activismo climático y la agenda de la izquierda

2013/10/28
Pronto publicaremos "Superar la ‘sobrecarga’: cambio climático, sindicatos y la agenda unificada de la izquierda" de Naomi Klein. Este texto recoge su discurso pronunciado en la convención para la fundación del sindicato canadiense UNIFOR el 1 de septiempre de 2013. El texto original en inglés fue publicado en la web www.commondreams.org. Nos parece un texto referencial ya que habla del papel que tiene que jugar el sindicato ante el reto climático. Aquí un extracto del texto.

Naomi Klein, www.commondreams.org

Así que voy a exponer rápidamente lo que creo sería un auténtico plan de activismo climático. No va a consistir en esas tonterías influenciadas por el mercado que propugnan algunos de los grandes grupos ecologistas de EE UU: cambiar las bombillas, intercambio de derechos de emisión de carbono y reducción de emisiones. Esto es real, lo que de verdad explica por qué nuestras emisiones se están disparando.

Los ecologistas no pueden liderar ellos solos esa revolución. Ningún partido político está asumiendo el reto. Necesitamos que ustedes lo hagan

Y se darán cuenta de que muchas cosas les resultan familiares. La razón es que gran parte de esta agenda ya está incorporada en los objetivos de su nuevo sindicato, por no mencionar todo aquello por lo que han estado luchando ustedes en el pasado.

En primer lugar tenemos que revivir y reinventar el espacio público. Si queremos reducir las emisiones, necesitamos metros, tranvías y sistemas ferroviarios limpios que no sólo lleguen a todas partes sino que estén al alcance de todo el mundo.

Además de esos medios de transporte necesitamos viviendas asequibles y energéticamente eficientes. Necesitamos redes eléctricas inteligentes que suministren energía renovable. Necesitamos un sistema de recogida de basuras cuya meta sea su eliminación.

No es una hipérbole decir que el futuro depende de nuestra capacidad de hacer lo que durante tanto tiempo nos han dicho que no podemos hacer: actuar colectivamente. ¿Y quién mejor que los sindicatos para difundir ese mensaje?

No necesitamos simplemente nuevas infraestructuras. Necesitamos grandes inversiones en las viejas para hacer frente a los desastres que vendrán.

Durante décadas hemos luchado contra la constante degradación de la esfera pública. Hemos sido testigos de que esas décadas de recortes nos han dejado más vulnerables a los desastres climáticos: tormentas gigantescas arremetiendo contra diques ruinosos, fuertes lluvias transportando desechos a los lagos, incendios que se propagan con furia mientras las dotaciones de bomberos sufren recortes salariales y disminuye el número de sus componentes. Puentes y túneles tambaleándose bajo las nuevas condiciones meteorológicas.

En lugar de impedirnos luchar por una esfera pública sólida, el cambio climático nos sitúa en el mismo centro de la cuestión, aunque esta vez provistos de argumentos mucho más contundentes. No es una hipérbole decir que el futuro depende de nuestra capacidad de hacer lo que durante tanto tiempo nos han dicho que no podemos hacer: actuar colectivamente. ¿Y quién mejor que los sindicatos para difundir ese mensaje?

La renovación de la esfera pública creará millones de nuevos y bien pagados trabajos sindicales –trabajos en campos que no aceleren el calentamiento del planeta–.

Pero no solo los fabricantes de calderas, instaladores de gaseoductos y trabajadores de cadenas de montaje tendrán nuevos trabajos y objetivos en esta gran transición.

Grandes sectores de nuestra economía ya son poco contaminantes. Son los sectores que se enfrentan a los ataques y recortes más ofensivos y degradantes. Se trata de los trabajos en los que predominan las mujeres, los emigrantes y las personas de color.

Y están también los sectores que tenemos que expandir masivamente: cuidadores, educadores, recogedores de basuras y otros sectores de servicios. Esos mismos a los que su nuevo sindicato ha prometido organizar. Quienes trabajan en empleos que emiten poco carbono ya están ahí, exigiendo respeto y salarios dignos. Convertir empleos que producen pocas emisiones y están mal pagados en empleos bien remunerados es en sí misma una solución climática y debería ser reconocida como tal.

Creo que aquí deberíamos inspirarnos en los trabajadores de comida rápida de Estados Unidos y en sus históricas huelgas de la pasada semana. Nos están mostrando cómo nos podemos organizar. Quizás resulte ser el primer levantamiento de una rebelión por obtener salarios y comida de verdad. Una rebelión en la que la salud de los trabajadores y la salud de la sociedad están inextricablemente unidas.

Espero que haya quedado claro que no estoy preconizando una especie de programa simbólico de «empleos ecológicos» de poca monta. Estoy hablando de una revolución laboral verde. De la visión épica de sanar a nuestro país de los estragos de los últimos 30 años de neoliberalismo y sanar de paso al planeta.

Los ecologistas no pueden liderar ellos solos esa revolución. Ningún partido político está asumiendo el reto. Necesitamos que ustedes lo hagan.